
Recuerdo cuando los regalos venían envueltos en coloridos papeles, creando expectativa por lo que envuelven. Con el tiempo, las sorpresas van cambiando de tema. Primero el papel deja de ser colorido, los dibujos de pelotitas y globos se convierten en carros y luego en relojes, dando pistas sobre el contenido. Por último, deja de existir el regalo.
Cuando uno es niño, es fácil adivinar que recibirás de regalo. Tus papás, abuelos, tíos, amigos y vecinos. Llegaran a tu casa con juguetes de todos los tamaños y colores. Es casi una competencia por ver quién da el mejor regalo. El perdedor definitivo es quien regala ropa, aunque igual gana un fingido: “gracias tía”.
Durante la adolescencia, los regalos cambian drásticamente de tema. Dejan de ser juguetes los principales presentes, claro que seria poco útil que te los den uno a esa edad, ahora lo son la ropa y el dinero. El primero, es el regalo mas obvio, lo difícil está en acertar la talla. El segundo, definitivamente, es el mas práctico, todos lo usan y no hay problemas de medidas. En esta etapa, los regalos pierden el encanto de sorpresa, se limitan a estos objetos. Aunque nunca falta el pariente que dice: “te debo tu regalo”.
Cuando uno alcanza la adultez debe empezar a olvidarse de los grandes regalos sorpresa. Lo único que recibirá serán camisas y corbatas, por parte de tu esposa, manualidades, hechas por los hijos, y vinos, de tu amigo secreto de la oficina, si es que tienes suerte.
Esta forma de regalar ha sido superada por una mas económica que te libera del compromiso. El futuro ha llegado a superar esta tradición, la ha modernizado. Ayer fue mi cumpleaños y lo único que he recibido han sido saludos virtuales e incluso regalos virtuales por medio del facebook, enviados por todos mis amigos. Realmente nunca había recibido tantos regalos pero si pudiera hacer algo con ellos me sentiría mucho mejor.
Freddy Echegaray

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