jueves, 4 de junio de 2009
Recuerdos de infancia
Cuando eres niño te entretienes con lo necesario. Al menos antes solía ser así. Una pelota es suficiente como para entretener a toda una cuadra, con un tarrito de canicas se puede jugar durante varias horas.
Lo mejor de una buena infancia es que se consiguen buenas amistades, las mejores,y aunque el ingrato tiempo logra separarlas, siempre hay momentos para los amigos.
Cuando uno es adulto deja muchas de esas cosas que los hacían felices y las añoran con mucha tristeza. Citando a Jorge Manrique: Cualquier tiempo pasado fue mejor...
martes, 2 de junio de 2009
Historia de miedo - popular
Hace muchos años, en el centro de Lima, vivía una dama muy adinerada, pues heredó toda la fortuna de su esposo. A pesar de esta situación, esta distinguida viuda nunca fue avara, todo lo contrario, siempre ayudó a los que menos tenían, ya que en su pasado, ella también sufrió de muchas carencias.
Era famosa precisamente por no negarle nada a los que más necesitaban. Comida, hospedaje, dinero, ropa; no existían límites para su bondad, tanto así que no le importaba la reputación de las personas. Sin embargo, esto generaba la envidia de muchas personas, inclusive de aquella a las que la mujer solía ayudar.
Una noche, dos ladrones, enterados de la riqueza de la viuda, se metieron a la casa con el fin de desbalijarla por completo. Pero en un descuido, el ruido despertó a la solitaria mujer, quien se vio presa por los delincuentes. En su desesperación, uno de ellos arremetió salvajemente sobre la indefensa viuda, dejándola en el suelo casi agonizando.
En su huída, el ladrón que golpeó a la viuda se percató que en el dedo anular de la mano derecha llevaba un anillo dorado con una piedra verde muy grande; la avaricia pudo más que su razón, e intentó quitárselo. El otro deluncuente le rogaba que la deje, que con lo que tenían era suficiente, pero su compañero no entendía palabras. Su desesperación llegó a tal punto que tomó un cuchillo y le sercenó el dedo a la pobre mujer.
Así pasaron los años, y la inocente viuda no adrementó por lo sucedido y siguió ayudando a los más necesitados. Un día, antes del atardecer, un indigente tocó a su puerta. Fiel a su estilo, la viuda lo dejó pasar, le brindó abrigo, comida y ropa nueva. Mientras ella le servía una taza de té caliente, el indigente notó que a la mujer le faltaba un dedo. La intriga lo venció y se atrevió a preguntarle qué le había sucedido. Ella le respondió que hacía unos años entraron unos sujetos a su casa y le robaron el anillo de compromiso que le regaló su esposo, y... FUISTE TUUUUUUUUUU!
Esta historia se cuenta en grupo, pues la narración se hace con una voz casi arrulladora yal momento del grito de la mujer, se señala a alguien del grupo.
domingo, 17 de mayo de 2009
Esa sensación extraña

La primera vez que me sucedió estaba chica. Tendría 8 años y estaba en el cuarto de mi hermana con mi mamá. Ellas estaban repasando historia pues mi hermana tenía un examen al día siguiente y yo estaba echada en la cama simplemente viéndolas y escuchando. En eso, comencé a prestar atención. Oía historias de personas que habían sido importantes y que estaban muertas.
-Muertas - pensé. ¿Cómo será eso? A todas estas personas las recuerdan pero ¿a mí? A mí ¿quién me va a recordar cuando me muera? Comencé a pensar y… ¿qué pasa cuando estás muerto? ¿Sientes algo? ¿Tu alma se va al cielo? Y en el cielo, ¿qué se hace? ¿Rezar todo el día? ¡Qué aburrido! Pero y ¿si tu alma no se va al cielo y no haces eso? ¿Qué pasa entonces? ¿Es que acaso simplemente se acabó? ¿Eso es todo? ¿Vivir toda la vida por gusto? Y es que acaso cuando se acaba, ¿no hay nada? ¿No ves, no hueles, no oyes, no respiras, no nada?
En ese momento, comencé a sobarme el brazo para sentir algo. A respirar más fuerte para sentir el aire frío pasar por mi nariz hasta mis pulmones. A repetir – NO, NO, NO - para poder sentir palabras salir de mi boca y escucharlas al mismo tiempo. A llorar, para sentir las gotas de llanto cayendo sobre mi mejilla. Todo lo que podía hacer para sentirme más viva lo hice.
Al sentirme repetir – NO, NO, NO – mi madre volteó rápidamente a mirarme. No sabía lo que me pasaba y yo no podía decir nada más que eso. La veía y la escuchaba preguntarme lo que me pasaba pero por algún motivo no le podía responder. Mi mamá, muy preocupada, llamó a mi papá quien vino corriendo a verme. Mi hermana también se acercó a verme. Nadie sabía qué hacer ni qué me pasaba y yo no podía decir otra cosa.
Poco a poco me fui tranquilizando, mi mamá me dio agua de azar y le expliqué lo que me había pasado. Trató de tranquilizarme pero nada puede reparar el temor a algo inevitable y desconocido: la muerte. ¿Qué se le puede decir a una niña que ha sufrida un ataque de pánico por miedo a la muerte?
A partir de ese día, tengo estos ataques de pánico de vez en cuando y lo único que puede resolverlo es que sienta a otra persona, que alguien me abrace o me acaricie el pelo, algún contacto físico con otra persona. Por eso, hay dos cosas que me aterran la muerte y la soledad.
viernes, 15 de mayo de 2009
Que rica fresa
Tu sabor me complementa,
Solo tu me comprendes de verdad.
Estás siempre siempre en mis buenos momentos,
En mis desdichas, y cuando te tengo,
Haces que estallen mis deseos,
Mis desdichas, mis desencuentros.
Tu suavidad, tu olor, tu sabor,
Ese color rojizo que tienes,
Y que se mezcla bien con todo,
Tu eres la causante de mis delirios,
De mis desequilibrios.
Cuando te pruebo recién comprendo
La verdad del sabor en su punto,
Y cuando estás de viaje o fuera
De temporada me siento solo,Y salgo triste, a buscar la vida.
lunes, 4 de mayo de 2009
No es amor

Historia de terror
Sucedió hace poco, una noche cuando un temblor sacudió lima, recuerdo que mi madre nos abrazo y empezó a rezar, parecía que la tierra se iba a abrir.
Luego del susto volvimos a entrar y nos sentamos en la cocina, la puerta sonó como si la hubieran abierto y luego cerrado, todos nos quedamos sentados y vimos una sombra que subía las escaleras, mi madre dijo que era mi abuelo.
Seguimos conversando en la cocina y de pronto el teléfono sonó, era mi padre preguntando cómo estábamos y bueno le dijo que estábamos bien.
Empezamos a cenar y de nuevo sonó el teléfono, era mi tía preguntando como estábamos y como se sentía mi abuelo, mi madre empezó a llamarlo y él no contestaba, le dijo que estaba descansando y que no le gustaba que lo despierten, bueno mi tía colgó y volvimos a cenar.
De nuevo sonó el teléfono, mi madre contesto, diciendo seguro es tu padre de nuevo, y sí era mi padre diciéndole que mi abuelo había fallecido en la panamericana sur de un ataque al corazón…
Mi madre riendo le dijo: “si él se encuentra arriba” y me mando a llamarlo, subí las escaleras con un temor de no encontrarlo y así sucedió, le grite a mi madre “mi abuelo no esta” cuando baje mi madre estaba desmayada tirada en el suelo y mi hermano menor a su costado dándole aire.
En el primer mes de fallecido mi abuelo la hermana de mi madre también lo había visto en su casa, en una tienda, pero ella dijo “será mi papa?” se quedo con la duda y llegaron a la conclusión que mi abuelo se estaba despidiendo de sus hijas por medio de su alma.
Jorge Barboza
Razones por las que quiero a alguien
Las razones por las que quiero a una persona son porque me da estabilidad en el momento que me escapo de la línea del camino que me trace, siempre puede sosegar mi amargura, no se cómo lo hace, pero siempre lo logra; tiene las palabras exactas para llegar a que tenga la calma necesaria y seguir, siempre me aconseja aun cuando no le pido consejos, sabiendo que los necesito, tal vez porque mi estabilidad emocional es muy notoria.
Siempre me da el abrazo que tanto lo necesito para sentirme que no estoy solo, me grita cuando sabe y sé que estoy haciendo algo que pueda dañar a otros, no son gritos de “carajo que haces”, sino de “porque lo haces sabiendo que puedes dañar a alguien”, sus gritos son un consejo que me hace dar cuenta que vivir es estar tranquilo contigo mismo y con los demás.
Aunque no trabaje tiene la labor más importante en mi vida que es la de aguantarme, aconsejarme, darme su apoyo incondicional y estar a mi lado cuando más lo necesito.
Jorge Barboza
domingo, 3 de mayo de 2009
Dos noches atrás

Ya eran como las tres de la mañana, estaba terminando de leer para mi parcial cuando me dí cuenta que la luz del cuarto de mi hermano se encendió. No me sorprendí, pensaba que él todavía estaba despierto. Dejé mi separata a un lado y me levanté para molestarlo un rato. Cuando llegué a la puerta de su habitación lo vi echado en su cama, inmóvil, parecía que ya había estado dormido por un buen rato. Entonces ¿Cómo se había prendido esa luz, así de repente? Tal vez me estaba gastando una broma, pensé. Lo llamé por su nombre. No reaccionó. Lo llamé por segunda vez. Tampoco pasó nada. Apagué el interruptor y me dirigí hacia mi cuarto. Mientras avanzaba me dí cuenta que la sala estaba más oscura que de costumbre. Preparé todo para dormir, puse la alarma de mi celular y apagué la luz.
Ya había estado acostado como quince minutos pero todavía no podía conciliar el sueño, sentía una presión en el ambiente, como si el aire estuviera más pesado. Después de un rato, aún con los ojos cerrados me di cuenta que mi cuarto se había iluminado. Abrí los ojos y vi el fluorescente prendido. ¿Pero cómo? Comencé a buscar explicaciones científicas a lo ocurrido. Tal vez una falla en el circuito eléctrico, a lo mejor uno de los cables ya estaba viejo. Me armé de valor y me levanté de nuevo a apagar la luz. Esta vez regresé a mi cama y tapé todo mi cuerpo con las sábanas. No quería dejar algún brazo o pierna descubierto.
No habían pasado ni cinco minutos, aunque ese lapso inundado de miedo se había sentido como media hora o más, cuando la luz se prendió de nuevo. Eso no se podía explicar. Se había prendido sola por segunda vez. ¿Qué hago? ¿Grito? ¿Salgo corriendo? ¿Pero adonde? No puedo ir a despertar a mi madre a las 4 de la mañana. Ya no soy un niño. Decidí quedarme quieto, no me paré a apagar la luz. No quería salir de mi cama. Después de un rato, sin darme cuenta, el sueño venció al miedo y me quedé dormido.
Al día siguiente se lo comenté a mi hermano pero él no había sentido nada raro, y mi madre tampoco. Nadie le dio importancia, nadie me creyó.
Un par de días después me encontré con la vecina del departamento del frente. Mientras hablábamos me contó que su abuela, una señora anciana que pasaba innumerables tardes con mi madre tomando lonche en mi casa, había fallecido un par de días atrás.
Otra YO

Y te deseo una vez más
Un momento que no entiendo ...
Es un día más
Al menos eso es lo que yo creo
Sigo sentada, concentrada en lo que hago
Mi respiración se vuelve inconsciente pero necesaria
Mil colores son los que uso para hacer mi tarea
Tal vez eso la haga más entretenida
Me concentro cada vez más
Y más
Y más
Comienzo a sentir uno ojos detrás de mi y volteo
No hay nada estoy sola
Vuelvo a sentir lo mismo
Y no hay nada
Me digo a mi misma, no hay nadie
Aunque no me lo creo
Y digo en voz alta: vete, no me molestes
Tal vez diciéndolo en voz alta, pueda sentirme mejor
Y creer que no pasa nada, pero no es así
Mis extremidades de ponen cada vez más pesadas
Mi lengua se pone rara y angulosa
Miro mis manos y siguen igual, pero no se sienten así
Trato de concentrarme en otra cosa, seguir mis tareas
Pero no puedo
No es la primera vez que me pasa
Y no es la primera vez que mi mente o alguien más juega conmigo
Será bueno, será malo?
Aun no lo se
Solo se, que ahora puedo recordarlo y sentir un pequeño escalofrío....
monstrita: hoy te toca hacer inventario.

Abrí la cabina, intenté prender las luces que de alguna extraña razón no prendian, abri las puertas del armario al menos esas si prendrian. Asi que me dispuse a comenzar mi labor.
Te quiero porque no te importa lo que piensen pero siempre andas perfecto,
no te importa decirme si me equivoco,
siempre sabes qué decir para levantarme el ánimo.
Te quiero porque dejas que te diga cualquier cosa y nunca te molestas,
te gustan tanto las margaritas como a mi.
Te quiero porque siempre me enseñas algo nuevo
y te quedas al teléfono conmigo por horas.
Te amaneces conmigo haciendo mis tareas y,
así, me haces descubrir la bondad y la empatía.
Te quiero porque siempre te ríes de mis chistes
y entiendes que no soy hueca sólo despistada y dispersa.
Te quiero porque recreas escenas de películas conmigo
y me haces ser más espontánea.
Eres mi cómplice y sabes guardar mis secretos.
Te quiero porque contigo siempre me río
y haces que quiera ser una mejor persona.
Pero sobretodo, te quiero porque me quieres.
La puerta del almacén
Fue en la casa de mi abuela. Había esucuchado a mis tios conversar que cuando eran niños no debian dejar la puerta del almacen abierta. Nunca. Hasta el día de hoy esa peurta se mantiene cerrada. Ni mis abuelos, ni mis tios, tampoco mis primos, que son mayores, se atreven a acercarse a dicha puerta. Ahora ya sé porque. Un día me encargaron cuidar la casa de mi abuela. Mi gran oportunidad para descubrir que había detrás de esa puerta. Apenas se fueron todos, no desperdicie tiempo y corrí hacia el almacen. No había nada fuera de lo común. Madera vieja pintada de blanco con un vidrio pavonado en todo el frente, una puerta más de toda la casa.
No entendía porque le temían tanto. He visto a mi tío caminar, pasando de largo la puerta sin voltear a verla.
Me decidí y la abri. a primera vista, no había nada. Estantes vacíos y una que otra polilla muerta. Que decepción.
Cuando cerre la puerta senti bajar la temperatura del cuarto. Empeze a tiritar. Puede ver en el vidrio de esta una silueta pequeña, alguien de baja estatura. Una niña de cabello largo, largisimo, se llego a formar en el vidrio, no tenía rostro. Golpeaba la puerta.
Golpe, golpe, golepe.
Se abrio la bruscamente. Una corriente de aire frío salie del almacén vacío. Corrí, ahora entiendo, no quiero que me pregunten.
Cuando te queiro más

Te quiero porque me mostraste otro mundo
te quiero porque eres diferente
y te queiro más cuando me haces sentir especial.
Te quiero porque te gusta llamar la atención
te quiero aunque te creas el centro del mundo
pero te quiero más cuando me dejas ser tu centro.
Te quiero porque te preocupas por mi
te quiero aunque seas peor que mi madre en eso
y te quiero más cuando me dejas preocuparme a mi.
Te quiero porque te gusta verte bien
te quiero cuando no sabes que ponerte
y te queiro más con tus converse y unos jeans.
Te queiro al extrañarte
Te quiero al despertar
Te quiero los domingos en la tarde
Te quiero aunque otros te quieran
te quiero aunque me rompiste el corazon
y te quize más cuando supiste arreglarlo.
jueves, 30 de abril de 2009
Sentado en el mueble cerca a la mesa donde tu retrato me mira de reojo y se queja. Siento tus manos recorrer las mías, y el recuerdo de tus palabras me anima, "perdón, lo siento" decías "es el pecado que a mi débil alma domina y me unde en el gozo que no deberia, en la lujuria misma, el pecado me domina".
Yo creía, y te seguía y te amaba y te amo. Te amo como se ama a la muerte, aquella que con rostro de amante ferviente y en mi cuerpo presente, te libero del pecado de la carne y de la mente.
Por eso te oigo, aunque estés aquí inerte, oigo tus pasos, que se alejan pero los recuerdos se quedan, y me persiguen y siguen recordándome y atormentándome, el castigo a comenzado.
30
te quiero por tu risa
te quiero por tu cabello
te quiero por el gorro que siempre usas
te quiero por las cosas que dices que harás y no haces
te quiero por tu piel
te quiero por tu espalda
te quiero por tus manos
te quiero por tus jeans
te quiero por el amor que el tienes a tu perro
te quiero por la forma en que cantas
te quiero por que hablas dormido aunque no lo aceptes
te quiero por tus polos de Spiderman
te quiero por que eres terco
te quiero por que fumas
te quiero por fumas
te quiero por la forma en la que te burlas
te quiero por como me abrazas
te quiero por como pica tu barba cuando no te afeitas
te quiero por no te gustan las mismas cosas que a mi
te quiero por que miras mis pelas sin quejarte
te quiero por que me quitas la comida
te quiero por que me dices que soy pequeña
te quiero por tu correa a la cintura
te quiero por tus lunares
te quiero por me dejas pegarte
te quiero por me dejas amarrarte el cabello con mis collects
te quiero por que finges no entenderme
te quiero por que me tienes paciencia
te quiero por me crees
te quiero por tu ombligo
te quiero.....
martes, 28 de abril de 2009
El Teatro

Camine escuchando el eco de mis pasos por los corredores entre los salones, ningún ruido, nada, hace años que no funciona el colegio, solo el teatro. Siento que no estoy solo, siempre fue así, siempre me lo preguntaba en el mismo corredor, siempre a la misma hora. Me respondieron esa mañana, tal vez no debí preguntar.
Entre al teatro, la luz tenue en medio del escenario me guiaba. Camine lentamente acariciando las butacas vacías y frías, me quede a los pies del escenario, delante de la primera fila. Mire el escenario y escuché el primer click y vi como lentamente el telón comenzó a bajar por su cuenta. Estaba solo, parado frente al escenario, no lo creía, no podía ser, me congele, escuche mis latidos, mire el telón casi a la mitad del escenario, un segundo click, el tiempo pareció detenerse, balanceándose cómo perdiendo el equilibrio, ¿quién encendió el control? ¿Quién bajo el telón? No puedo hacer nada, solo mis ojos se mueven tratando de mirar otra cosa que no sea el telón. Tercer click, no estoy aquí, no puede ser real, ahora es la cortina la que comienza a cerrarse sola, alguien por favor, grito pero no sale nada de mi boca, tengo que salir. Cierro los ojos, consigo moverme, los abro y solo veo la puerta, corro sin parar, sigo por los corredores, hacia afuera, hacia la salida. Llegué, pero sigo blanco, sudando, jadeando; Julio no dice nada, se queda mirándome como si no fuera la primera vez que ve a alguien en ese estado, ¿qué le pasa?, ¿acaso fue una broma?, o peor aún, esto ya ha pasado antes y él lo sabe.
Tal vez era así, por eso desapareció cuando regresamos al teatro y escuche otro click, voltee a verlo, pero él ya no estaba, la cortina ahora se abría como sabiendo que no me movería, como haciendo el redoble para alguna aparición que escondía detrás, pero no vi nada, solo el escenario. Escuche algo detrás de mí, no quise voltear, pero a veces la curiosidad es más fuerte. No vi nada, sólo las butacas ocupadas, como si estuvieran ocupadas por invisibles espectadores que mantenían los asientos abajo, y de nuevo otro click, bajando el telón.
Rodrigo
lunes, 27 de abril de 2009
Una pequeña intrusa en casa

domingo, 26 de abril de 2009
El contacto con lo desconocido
Esa noche, cuando mi hermano entró a mi cuarto, no lo podía ver. Todo estaba oscuro. Se acerco rápidamente a mí. Tenía las manos mojadas de sudor. No entendía lo que estaba pasando. Cerró la puerta y se metió a la cama. No paraba de temblar. Me pare para prender la luz, pero fue imposible. El despertador del cuarto de mi mamá empezó a sonar. Luego se oyó el sonido de una puerta. Era obvio que había alguien más en la casa. Luego vino el movimiento de una ventana y segundos después un silencio absoluto. No dormimos en toda la noche. De vez en cuando escuchábamos, o creíamos escuchar, algún sónico de afuera. La noche parecía interminable. Cuando finalmente amaneció, salimos del cuarto. Fuimos, llenos de pánico, al cuarto de mi mamá. Al parecer todo estaba en orden. Las cosas seguían exactamente igual como las había dejado. Decidimos salir de la casa. Cogí mis cosas y me dirigí a la puerta. En ese momento, veo a mi hermano pálido mirando hacia la cama de mi mamá. Al lado habían un montón de papeles y detrás de ellos estaban los duendes que habíamos botado unos días antes. Estaban intactos.
El contacto con lo desconocido
Esa noche, cuando mi hermano entró a mi cuarto, no lo podía ver. Todo estaba oscuro. Se acerco rápidamente a mí. Tenía las manos mojadas de sudor. No entendía lo que estaba pasando. Cerró la puerta y se metió a la cama. No paraba de temblar. Me pare para prender la luz, pero fue imposible. El despertador del cuarto de mi mamá empezó a sonar. Luego se oyó el sonido de una puerta. Era obvio que había alguien más en la casa. Luego vino el movimiento de una ventana y segundos después un silencio absoluto. No dormimos en toda la noche. De vez en cuando escuchábamos, o creíamos escuchar, algún sónico de afuera. La noche parecía interminable. Cuando finalmente amaneció, salimos del cuarto. Fuimos, llenos de pánico, al cuarto de mi mamá. Al parecer todo estaba en orden. Las cosas seguían exactamente igual como las había dejado. Decidimos salir de la casa. Cogí mis cosas y me dirigí a la puerta. En ese momento, veo a mi hermano pálido mirando hacia la cama de mi mamá. Al lado habían un montón de papeles y detrás de ellos estaban los duendes que habíamos botado unos días antes. Estaban intactos.
jueves, 23 de abril de 2009
Nueva York con pepa

Te quiero veinte veces...

martes, 21 de abril de 2009
Mis 21 razones para tí
te quiero por lo grotesco que eres y lo suave que puede ser tu voz al hablarme,
te quiero por tus cien tipos de sonrisas y en especial por la veintitres,
te quiero por la forma como dice mi nombre y por como lo escribes tambien,
te quiero por que haces que mi sueños tengan un mejor despertar, te quiero por tus pestañas
cuando miras abajo, por que me dejas apretarte la nariz a pesar que no te gusta.
Te quiero por que escribes para mi, te quiero por que te inspiras en mi y me haces sentir inspirada.
te quiero por que estuviste conmigo siempre, por tus apareciones imprevistas para salvarme, por que te gustan mi perro aunque muerda tus zapatillas.
Te quiero por que me gusta quererte, por que has aprendido a entender mi mundo y te has mudado a el.
Te quiero hoy, te quiero ayer, te quiero mañana.
lunes, 20 de abril de 2009
Cruz de asfalto

He llegado a casa. No puedo siquiera pronunciar una palabra. Mi madre y mi hermana conversan en la cocina mientras toman café. Me miran algo sorprendidas. Me pregunto cómo luzco en medio de la desesperación. Solo atino a subir presuroso las escaleras, entrar a mi habitación y sentarme en la cama. Mis rodillas se empecinan en golpearse una contra otra por el temblor que recorre mi cuerpo.
Siento mi rostro empapado en sudor frío. Si alguien ahora mismo tocara la puerta de mi cuarto preguntándome cómo estoy, seguramente anudaría totalmente mi garganta; sin embargo, nadie ha subido. Tal vez piensan que no ha de ser importante. No es así. Me atormenta el rostro de una niña que desaparece violentamente tras el golpe de mi auto. ¡La he matado!, pienso, mientras clavo mis uñas a mis sienes. Recuerdo que no he dejado mi auto en el garaje. Algún vecino podría ver las marcas que dejó el cuerpo de la niña en el chasis. ¡He matado!, vuelve a torturarme esa imagen que se repite en mi retina, ¡he dejado morir a esa niña en medio de la pista!. Un vértigo arremete contra mí.
Decido ir por el auto. Nadie debe verlo. Debo limpiar las manchas de sangre. Me dispongo a pararme pero mis piernas están débiles, como si fueran dos tirones de seda.
Me derrumbo en mi cama. Esto no está pasando, trato de convencerme. He matado a una niña, esta vez lo digo y empiezo a llorar. Es un llanto mudo y doloroso.
De pronto, alguien toca la puerta de mi habitación. No puedo abrir ahora, aunque debo recoger el auto. Y si abro la puerta, ¿qué les diré?. Puedo decirles que un perro cruzó la calle repentinamente. ¿Estaba la niña sola?.Tocan la puerta nuevamente. Yo no vi a nadie. La calle estaba desolada. Aunque alguien pudo ver desde una esquina lo que pasó y logró anotar el número de mi placa. ¡Tal vez no murió!. Siguen tocando la puerta con más insistencia. Debo decir algo pero no se me ocurre nada. Cada vez más fuerte... siguen tocando.
Alguien acaba de cerrar la puerta de entrada de la casa. Me asomo por la ventana. ¡Mi hermana y mi mamá salen de la casa!. Entonces ¿quién está golpeando?.
Veo brillar el barniz de la puerta con la violencia de cada golpe ensordecedor. No voy a abrir. Presiono mi cuerpo contra la puerta. ¡No voy a abrir!. De repente cesan los golpes y el silencio invade mi habitación, la casa y hasta la calle parece también haberse silenciado por completo.
Del otro lado de la puerta estalla un llanto agudo y desgarrador. Es el llanto de una niña que grita mi nombre.
Escrito por Saul Cieza
14 razones por las que te quierooo

te quiero por:
* tu nombre que hace reir a todos y alucinar a algunos
* por tus ojos que gritan QUIEREME!!!
* por tu historia
* por ser una sobreviviente, y que sobreviviente!!
* por venir cada vez que te llamo
* por quererme sin cansancio
* por nunca dar el minimo indicio de maldad
* por esperarme con emocion y por recibirme igual
* por escucharme sin interrupcion
* por calentarme en el sillon
* por no crecer
* por ser mi emocion al regresar
* ser ser tu voz
Vanessa Sanchez H.
Dieciocho motivos para quererte
Porque me ayudas a no morir cuando reniego.
Te quiero por tu pureza. En la mente y en las manos.
Y no me dejas perderme en el pasado.
Te quiero porque me cuentas los avatares que no conozco.
Y me enseñas a entregar la vida sin miedo.
Te quiero porque te deseo.
Y sobrepasas todo lo que quiero.
Te quiero porque eres grande, porque has vivido lo importante.
Y porque como una bruja, lo adivinas todo.
Te quiero porque eres buena. Real y sinceramente buena.
Así conviertes todo en una elegía.
Te quiero porque nunca jamás escaparías.
Porque confrontas lo que yo no podría.
Te quiero por tu poder.
Por tu mirada fuerte y valiente.
Te quiero imperfecta y frágil.
Por la astucia de hacérmelo creer y permitirme cuidarte.
21 razones erróneas para quererte

Fuiste sensualidad pura al conocerte, tu inocencia y maldad me fascinaron, pasó el tiempo y te convertiste en compañía y placer.
Nunca lo supiste pero fuiste el colchón en una de mis peores caídas y trampolín para volver a lo alto. Tu higiene y lo sucia que podías llegar a ser son una combinación perfecta.
Te quiero porque me diste buenas peleas y mejores reconciliaciones, tus risas, los llantos y las puteadas. De tu boca salen las más grandes ofensas y el mayor placer.
Me volviste humano y lo odié, ahora lo agradezco. Conocí sentimientos negativos que después agradecí, fue una de las peores épocas que pasé y ahora lo agradezco. Ahora conozco ambos lados de la moneda y ya puedo decir que estoy vivo.
-Carlos Zuloaga
13 razonas por las que te quiero
Sabor de verdad

domingo, 19 de abril de 2009
18 Razones
Te quiero porque desde el día en que llegaste a mi vida todo ha sido mejor.
Porque me animas siempre que me encuentras decaído.
Te quiero porque nunca me aburro cuando estoy contigo.
Te quiero porque eres la fuente de mi inspiración.
Porque sabemos que juntos podemos lograrlo todo.
Porque sólo tú me puedes calmar cuando estoy alterado.
Te quiero porque tenemos los mismos gustos de música.
Porque me hablas como siempre, incluso cuando no te he buscado en varios días.
Te quiero porque nunca te ha molestado el roce de mis dedos.
Te quiero porque no te importa quedarte conmigo toda la noche cuando no puedo dormir.
Porque me susurras al oído cuando me estoy quedando dormido.
Porque duermes a mi lado y te despiertas cuando te lo pido.
Te quiero porque contigo siento que lo mejor está aún por venir.
Te quiero porque eres mi terapia.
Porque me enseñaste a compartir lo que llevas dentro.
Porque ninguno de los dos podemos funcionar sin el otro.
Te quiero porque siempre me das esa fidelidad que tanto necesito.
Te quiero porque eres la banda sonora de la historia de mi vida.
.
.
.
Y sé que tú me quieres porque sé escucharte.
Porque te quiero
porque eres de mil colores.
Porque eres el último detalle
en todos los momentos.
Porque mantienes tu esencia.
Porque soy parte de ti.
Porque a veces me despiertas
con la mejor sonrisa.
Porque a veces soy yo
la que tengo que ir descubriéndote cuando te escondes
debajo de una gran sábana de nubes.
Porque el optimismo es una de tus mejores facetas.
Porque soy mujer.
Porque lo disfruto.
Porque tengo un corazón que me recuerda
que puedo seguir viviendo.
Porque al final del día,
puedo tener todo lo que quiero.
Pero te quiero,
sobretodo,
porque cada vez que me despierto puedo volver a empezar.
21 razones por las que te quiero
sábado, 18 de abril de 2009
13 razones (que NO sabes) por las que te quiero
te quiero porque lloras por y sin mí
por tu cabello indeciso
por esa mirada cuando la fijas en mí
te quiero por tus mentiras, que aunque no quiera, las creo
te quiero cuando me odias
te quiero cuando me quieres
te quiero por tu desorden
por tus caprichos
por tu carácter, que es opuesto al mío
te quiero porque no te callas nada
te quiero porque nunca te callas
y te quiero porque es más fácil quererte que odiarte
Francis
miércoles, 15 de abril de 2009
Carrusel

Mis manos aprendieron a bailar con las tuyas
porque te quiero.
Y porque nuestros hombros se dieron besos tibios mientras echados
vimos la luna…te quiero.
Porque tu mejilla buscó mi pecho
Cuando creí que las tardes eran nuestras
(qué iluso), te quiero.
Aunque hiciste de mi garganta un puño, yo te quiero.
Más aún, te quiero,
porque Lima parecía un gigantesco carrusel
por ti.
Porque hallé verbo en tus abrazos.
En fin, te quiero,
aunque dibujaste la distancia entre nosotros
y porque eres sueño interrumpido…por eso te quiero
especialmente,
porque dejaste tu recuerdo cerca a mí.
Escrito por Saúl Cieza
Paren los martillos

Pensé que lo había olvidado: Fui obrero en una fábrica en Estados Unidos.
Era mi primer día y, para mí, lucía como una prisión, un destino forzado que contrastaba con tantas películas de Hollywood. What’s your name?, Saúl, respondí. Ok, follow me. Seguí al extraño instructor que me mostraba la planta de reparación de turbinas de avión. Durante el recorrido de la fábrica veía a obreros que vestían camisas celestes y pantalones azules martillando unos latones. El instructor me dijo que se llamaban Aicraft Chambers (cámaras que componen parte de la turbina de un avión). Mmm, interesante, pensé.
A cada obrero lo acompañaba una caja de herramientas y una lámpara para el turno nocturno. Era todo tan uniformizado y diabólicamente calculado, que parecía ver el mismo obrero repetido 20 veces. Well, basically, Saul, your job is to fix those chambers, me dijo mi carismático instructor quien luego señaló a un obrero que llamó con un grito: ¡Vicente! ¡Come over here! Y Vicente ligero acudió al llamado. El instructor tomó del hombro a Vicente y luego dio la primera directiva: He’ll teach you how to clean the old chambers. That’s the first part of the process. ¿el proceso?¿de qué se trata todo esto? Pensaba amargo. Lo menos que quería era agradecer la recomendación de mi tío por esta chambita (qué ingratitud de mi parte) pero me sentía así mientras percibía el polvo metálico del lugar y el calor de los cuartos de soldadura.
El instructor se despidió, See you, Saul, welcome to Aircraft Technologies, Thank you sir, respondí. Desapareció entre las oficinas y no lo volví a ver hasta después de un mes. El cubano Vicente era ahora mi maestro en las artes de la reparación de cámaras de turbinas de avión. Aprendí mucho. En tres meses ya había aprendido a dejar una turbina deformada por el calor, como una reluciente pieza nueva. Sin darme cuenta, me había convertido en uno de esos obreros “en serie”. Mi lámpara, mi caja de herramientas, mi martillo…Me pasaba ocho horas al día martillando; pareciera una absurda labor, pero sin ella muchos vuelos se habrían cancelado y lo más importante, no habría pagado mi curso de Diseño Gráfico. Remember guys, you must do your job right, lives depend on us, decía el gerente dignificando nuestra labor y estimulando nuestro esfuerzo: martille, martille y martille.
Al quinto mes, llegaron los dueños de la empresa. Nos reunieron a los obreros en el parqueo de la fábrica y, sobre un estrado, el Presidente del Directorio dijo, o al menos eso fue lo que entendí: Unfortunately, there will be no over time for any employee during this semester. Alfredo y Gonzalo, dos obreros en sus cincuentas se habían acercado a mí para efectos de traducción. Su entendimiento del Inglés era casi nulo. La noticia para mí no era grave, finalmente yo salía disparado al culminar mi horario; sin embargo, para ellos, con hijos y esposa, las horas extras no eran un lujo sino una necesidad. Traduje lo dicho y el boricua y el cubano al unísono exclamaron: ¡Coño!. El discurso continuó y se hablo de la poca demanda de tal o cual turbina, que los insumos están caros, que no habría aumento de sueldo, etc… Después de un mes dejé la fábrica para dedicar más tiempo al estudio y trabajar solamente medio tiempo. Luego volví a Lima y miles de cosas y deberes, alejaron de mi mente esos meses “proletarios”, ahora tan valiosos. Toda una experiencia. Hace 10 meses regresé a Fort Laudardale. Visité a mis amigos y parientes. Una tarde tomé prestado el auto de mi primo y decidí visitar la fábrica después de cinco años ¿estarían algunos amigos?¿se acordarían del peruano?.
El edificio permanecía impecable, sus oficinas lucían elegantes como siempre, pero la planta de reparación había sido desmontada. Me informaron que el trabajo que hacíamos lo realizaban ahora obreros en Medellín, Colombia. ¿Qué será de Vicente, de Gonzalo, de los obreros repetidos?, ¡Qué lejos esos martillos de nuestras manos! Y sus familias ¿de qué viven ahora? ¡Cómo cambia la vida en cinco años! Wake up! The American dream is over.
Escrito por: Saúl Cieza
martes, 14 de abril de 2009
13 + 1 razones por las que te quiero
Diego Sufling
Te quiero tres decenas y más

Te quiero terco cuando te gusta algo;


