jueves, 4 de junio de 2009

Recuerdos de infancia

Cuando eres niño no te importa mucho qué esté pasando alrededor tuyo, en otras palabras, no entiendes mucho qué ocurre. Fuji-shock, apagones todas las noches, muertes por explosiones; solo lo ves, lo escuchas, lo asimilas, pero no lo entiendes bien. Al día siguiente solo sabes que es vacaciones y que vas a poder jugar todo el día. Te levantas a las 9 de la mañana, desayunas, te cambias y a la calle.
Cuando eres niño te entretienes con lo necesario. Al menos antes solía ser así. Una pelota es suficiente como para entretener a toda una cuadra, con un tarrito de canicas se puede jugar durante varias horas.
Lo mejor de una buena infancia es que se consiguen buenas amistades, las mejores,y aunque el ingrato tiempo logra separarlas, siempre hay momentos para los amigos.
Cuando uno es adulto deja muchas de esas cosas que los hacían felices y las añoran con mucha tristeza. Citando a Jorge Manrique: Cualquier tiempo pasado fue mejor...

martes, 2 de junio de 2009

Historia de miedo - popular

Esta historia se cuenta, generalmente, entre amigos, porque el miedo se soporta más con apoyo...Y dice así:

Hace muchos años, en el centro de Lima, vivía una dama muy adinerada, pues heredó toda la fortuna de su esposo. A pesar de esta situación, esta distinguida viuda nunca fue avara, todo lo contrario, siempre ayudó a los que menos tenían, ya que en su pasado, ella también sufrió de muchas carencias.

Era famosa precisamente por no negarle nada a los que más necesitaban. Comida, hospedaje, dinero, ropa; no existían límites para su bondad, tanto así que no le importaba la reputación de las personas. Sin embargo, esto generaba la envidia de muchas personas, inclusive de aquella a las que la mujer solía ayudar.

Una noche, dos ladrones, enterados de la riqueza de la viuda, se metieron a la casa con el fin de desbalijarla por completo. Pero en un descuido, el ruido despertó a la solitaria mujer, quien se vio presa por los delincuentes. En su desesperación, uno de ellos arremetió salvajemente sobre la indefensa viuda, dejándola en el suelo casi agonizando.

En su huída, el ladrón que golpeó a la viuda se percató que en el dedo anular de la mano derecha llevaba un anillo dorado con una piedra verde muy grande; la avaricia pudo más que su razón, e intentó quitárselo. El otro deluncuente le rogaba que la deje, que con lo que tenían era suficiente, pero su compañero no entendía palabras. Su desesperación llegó a tal punto que tomó un cuchillo y le sercenó el dedo a la pobre mujer.

Así pasaron los años, y la inocente viuda no adrementó por lo sucedido y siguió ayudando a los más necesitados. Un día, antes del atardecer, un indigente tocó a su puerta. Fiel a su estilo, la viuda lo dejó pasar, le brindó abrigo, comida y ropa nueva. Mientras ella le servía una taza de té caliente, el indigente notó que a la mujer le faltaba un dedo. La intriga lo venció y se atrevió a preguntarle qué le había sucedido. Ella le respondió que hacía unos años entraron unos sujetos a su casa y le robaron el anillo de compromiso que le regaló su esposo, y... FUISTE TUUUUUUUUUU!

Esta historia se cuenta en grupo, pues la narración se hace con una voz casi arrulladora yal momento del grito de la mujer, se señala a alguien del grupo.

domingo, 17 de mayo de 2009

Esa sensación extraña


Suele suceder que, de vez en cuando, tengo una sensación rara. Es algo extraño y me puede pasar en cualquier momento. Se siente como un vacío bajo de mí. Como si cayera en lo más profundo de un abismo. Escucho todo lo que la gente a mi alrededor dice pero por algún motivo no puedo conectarme con ellas.

La primera vez que me sucedió estaba chica. Tendría 8 años y estaba en el cuarto de mi hermana con mi mamá. Ellas estaban repasando historia pues mi hermana tenía un examen al día siguiente y yo estaba echada en la cama simplemente viéndolas y escuchando. En eso, comencé a prestar atención. Oía historias de personas que habían sido importantes y que estaban muertas.

-Muertas - pensé. ¿Cómo será eso? A todas estas personas las recuerdan pero ¿a mí? A mí ¿quién me va a recordar cuando me muera? Comencé a pensar y… ¿qué pasa cuando estás muerto? ¿Sientes algo? ¿Tu alma se va al cielo? Y en el cielo, ¿qué se hace? ¿Rezar todo el día? ¡Qué aburrido! Pero y ¿si tu alma no se va al cielo y no haces eso? ¿Qué pasa entonces? ¿Es que acaso simplemente se acabó? ¿Eso es todo? ¿Vivir toda la vida por gusto? Y es que acaso cuando se acaba, ¿no hay nada? ¿No ves, no hueles, no oyes, no respiras, no nada?

En ese momento, comencé a sobarme el brazo para sentir algo. A respirar más fuerte para sentir el aire frío pasar por mi nariz hasta mis pulmones. A repetir – NO, NO, NO - para poder sentir palabras salir de mi boca y escucharlas al mismo tiempo. A llorar, para sentir las gotas de llanto cayendo sobre mi mejilla. Todo lo que podía hacer para sentirme más viva lo hice.

Al sentirme repetir – NO, NO, NO – mi madre volteó rápidamente a mirarme. No sabía lo que me pasaba y yo no podía decir nada más que eso. La veía y la escuchaba preguntarme lo que me pasaba pero por algún motivo no le podía responder. Mi mamá, muy preocupada, llamó a mi papá quien vino corriendo a verme. Mi hermana también se acercó a verme. Nadie sabía qué hacer ni qué me pasaba y yo no podía decir otra cosa.

Poco a poco me fui tranquilizando, mi mamá me dio agua de azar y le expliqué lo que me había pasado. Trató de tranquilizarme pero nada puede reparar el temor a algo inevitable y desconocido: la muerte. ¿Qué se le puede decir a una niña que ha sufrida un ataque de pánico por miedo a la muerte?

A partir de ese día, tengo estos ataques de pánico de vez en cuando y lo único que puede resolverlo es que sienta a otra persona, que alguien me abrace o me acaricie el pelo, algún contacto físico con otra persona. Por eso, hay dos cosas que me aterran la muerte y la soledad.

viernes, 15 de mayo de 2009

Que rica fresa

Yo te necesito, me haces bien,
Tu sabor me complementa,
Solo tu me comprendes de verdad.

Estás siempre siempre en mis buenos momentos,
En mis desdichas, y cuando te tengo,
Haces que estallen mis deseos,
Mis desdichas, mis desencuentros.

Tu suavidad, tu olor, tu sabor,
Ese color rojizo que tienes,
Y que se mezcla bien con todo,
Tu eres la causante de mis delirios,
De mis desequilibrios.

Cuando te pruebo recién comprendo
La verdad del sabor en su punto,
Y cuando estás de viaje o fuera
De temporada me siento solo,Y salgo triste, a buscar la vida.

lunes, 4 de mayo de 2009

No es amor



Miguel se sentía sucio. Pero no había visto nada. ¿Por qué sentía esa urgencia de limpiarse de barro y fluídos que no eran suyos? Su novia ya no podría serlo más. No habiéndose acostado con otro hombre.


Ansiedad. Él la quiere todavía.Han compartido tanto. Tan igual que todas las demás parejas del mundo que pueden haberse querido más de dos años. Sí, la quería. La acompañaba a su casa todas las noches luego de clases y en el micro sostenía su mano. Y todas esas cosas bonitas que parecen eternas y perfectas. Le había dado todas las miradas que hacen los momentos que uno quiere recordar. Por ser de amor perfecto y pura intimidad.


Y así, se siente mareado. No son náuseas, es como una piedra gorda en la boca del estómago. Hace media hora su muchi muchi acababa de contarle que se acostó con otro. Miguel deseaba, necesitaba detalles. Para convencerse. Ella sólo respondió que ya hacía tiempo le gustaba el fulano.

¿Cuando lo hacías conmigo, pensabas en él?

Sí.

Ay muchi muchi. Y pensar que todavía te quiero. Voy a vomitar un poco para que salga la piedra gorda. ¿Así será siempre? Yo también pensaba en otras cuando tiraba contigo, pero no hubo sistematización. Y jamás te lo hubiera dicho. Esto no es tener amor.

Ahora me quedo embarrado de todo.


Tus visceras apestan a traición. Están calientes, y gordas de lujuria.

Estos fluidos no son míos y yo no he visto nada.

Voy a vomitar un poco para limpiarme de tu sangre, muchi muchi.



Historia de terror

Sucedió hace poco, una noche cuando un temblor sacudió lima, recuerdo que mi madre nos abrazo y empezó a rezar, parecía que la tierra se iba a abrir.

Luego del susto volvimos a entrar y nos sentamos en la cocina, la puerta sonó como si la hubieran abierto y luego cerrado, todos nos quedamos sentados y vimos una sombra que subía las escaleras, mi madre dijo que era mi abuelo.

Seguimos conversando en la cocina y de pronto el teléfono sonó, era mi padre preguntando cómo estábamos y bueno le dijo que estábamos bien.

Empezamos a cenar y de nuevo sonó el teléfono, era mi tía preguntando  como estábamos y como se sentía mi abuelo, mi madre empezó a llamarlo y él no contestaba, le dijo que estaba descansando y que no le gustaba que lo despierten, bueno mi tía colgó y volvimos a cenar.

De nuevo sonó el teléfono, mi madre contesto, diciendo seguro es tu padre de nuevo, y sí era mi padre diciéndole que mi abuelo había fallecido en la panamericana sur de un ataque al corazón…

Mi madre riendo le dijo: “si él se encuentra arriba” y me mando a llamarlo, subí las escaleras con un temor de no encontrarlo y así sucedió, le grite a mi madre “mi abuelo no esta”  cuando baje mi madre estaba desmayada tirada en el suelo y mi hermano menor a su costado dándole aire.

En el primer mes de fallecido mi abuelo la hermana de mi madre también lo había visto en su casa, en una tienda, pero ella dijo “será mi papa?” se quedo con la duda y llegaron a la conclusión que mi abuelo se estaba despidiendo de sus hijas por medio de su alma.

Jorge Barboza

Razones por las que quiero a alguien

Las razones por las que quiero a una persona son porque me da estabilidad en el momento que me escapo de la línea del camino que me trace, siempre puede sosegar mi amargura, no se cómo lo hace, pero siempre lo logra; tiene las palabras exactas para llegar a que  tenga la calma necesaria y seguir, siempre me aconseja aun cuando no le pido consejos, sabiendo que los necesito, tal vez porque mi estabilidad emocional es muy notoria.

Siempre me da el abrazo que tanto lo necesito para sentirme que no estoy solo, me grita cuando sabe y sé que estoy haciendo algo que pueda dañar a otros, no son gritos de “carajo que haces”, sino de “porque lo haces sabiendo que puedes dañar a alguien”, sus gritos son un consejo  que me hace dar cuenta que vivir es estar tranquilo contigo mismo y con los demás.

Aunque no trabaje tiene la labor más importante en mi vida que es la de aguantarme, aconsejarme, darme su apoyo incondicional y estar a mi lado cuando más lo necesito.

Jorge Barboza

domingo, 3 de mayo de 2009

Dos noches atrás


Ya eran como las tres de la mañana, estaba terminando de leer para mi parcial cuando me dí cuenta que la luz del cuarto de mi hermano se encendió. No me sorprendí, pensaba que él todavía estaba despierto. Dejé mi separata a un lado y me levanté para molestarlo un rato. Cuando llegué a la puerta de su habitación lo vi echado en su cama, inmóvil, parecía que ya había estado dormido por un buen rato. Entonces ¿Cómo se había prendido esa luz, así de repente? Tal vez me estaba gastando una broma, pensé. Lo llamé por su nombre. No reaccionó. Lo llamé por segunda vez. Tampoco pasó nada. Apagué el interruptor y me dirigí hacia mi cuarto. Mientras avanzaba me dí cuenta que la sala estaba más oscura que de costumbre. Preparé todo para dormir, puse la alarma de mi celular y apagué la luz. 


Ya había estado acostado como quince minutos pero todavía no podía conciliar el sueño, sentía una presión en el ambiente, como si el aire estuviera más pesado. Después de un rato, aún con los ojos cerrados me di cuenta que mi cuarto se había iluminado. Abrí los ojos y vi el fluorescente prendido. ¿Pero cómo? Comencé a buscar explicaciones científicas a lo ocurrido. Tal vez una falla en el circuito eléctrico, a lo mejor uno de los cables ya estaba viejo. Me armé de valor y me levanté de nuevo a apagar la luz. Esta vez regresé a mi cama y tapé todo mi cuerpo con las sábanas. No quería dejar algún brazo o pierna descubierto. 

No habían pasado ni cinco minutos, aunque ese lapso inundado de miedo se había sentido como media hora o más, cuando la luz se prendió de nuevo. Eso no se podía explicar. Se había prendido sola por segunda vez. ¿Qué hago? ¿Grito? ¿Salgo corriendo? ¿Pero adonde? No puedo ir a despertar a mi madre a las 4 de la mañana. Ya no soy un niño. Decidí quedarme quieto, no me paré a apagar la luz. No quería salir de mi cama. Después de un rato, sin darme cuenta, el sueño venció al miedo y me quedé dormido.

Al día siguiente se lo comenté a mi hermano pero él no había sentido nada raro, y mi madre tampoco. Nadie le dio importancia, nadie me creyó.

Un par de días después me encontré con la vecina del departamento del frente. Mientras hablábamos me contó que su abuela, una señora anciana que pasaba innumerables tardes con mi madre tomando lonche en mi casa, había fallecido un par de días atrás.


Otra YO


Hace unos dias estuve pensando en alguna situación que podría hacerme sentir mucho miedo, que pueda llenar mi cabeza de horror y deconciertos.


Aluciné muchas situaciones, talvez un asesinato o de pronto una calle oscura y sentir pasos detras de mi, ver fantasmas o almas en pena, tener un encuentro con extraterrestres, ¡que se yo!, estuve pensando mil opciones que me hicieran sentir escalofrios.


Luego de un rato así, encontre algo que realmente más que miedo me hizo pensar que talvez, me desequilibraría hasta el punto de nunca encontrar una respúesta concreta y eso si que me asusta.


Imaginé un dia común y corriente, tal vez cenando en mi cama viendo televisión, de pronto suena el timbre de mi casa, no esperaba a nadie en particular asi que me parecía algo extraño, bajo las escaleras, me acerco a la puerta y al abrir no podía reconocer muy bien su silueta, era una mujer me parecia muy familiar, le pregunto quien es y responde - Hola! vengo a remplazarte, me acerco a ella y encuentro una persona completamente identica mi parada al lado de mi puerta.


Fin.

Y te deseo una vez más


Sé que te puedo desear
Sé que me puedes hacer delirar
Aunque en invierno tenemos nuestros desencuentros
Yo solo espero que el sol vuelva a brillar
Para que me hagas delirar una vez mas
Y que puedas curar mis delirios
Solo quiero que el sol vuelva a brillar para poderte encontrar

Un momento que no entiendo ...

Estoy sentada en mi cuarto
Es un día más
Al menos eso es lo que yo creo
Sigo sentada, concentrada en lo que hago
Mi respiración se vuelve inconsciente pero necesaria
Mil colores son los que uso para hacer mi tarea
Tal vez eso la haga más entretenida
Me concentro cada vez más
Y más
Y más
Comienzo a sentir uno ojos detrás de mi y volteo
No hay nada estoy sola
Vuelvo a sentir lo mismo
Y no hay nada
Me digo a mi misma, no hay nadie
Aunque no me lo creo
Y digo en voz alta: vete, no me molestes
Tal vez diciéndolo en voz alta, pueda sentirme mejor
Y creer que no pasa nada, pero no es así
Mis extremidades de ponen cada vez más pesadas
Mi lengua se pone rara y angulosa
Miro mis manos y siguen igual, pero no se sienten así
Trato de concentrarme en otra cosa, seguir mis tareas
Pero no puedo
No es la primera vez que me pasa
Y no es la primera vez que mi mente o alguien más juega conmigo
Será bueno, será malo?
Aun no lo se
Solo se, que ahora puedo recordarlo y sentir un pequeño escalofrío....

monstrita: hoy te toca hacer inventario.


Trabajar en verano es horrible, sobretodo si se trata de hacer inventarios. Era un lunes y era la única practicante que se quedaba por las tardes en la oficina. Llegué y había una nota que decía: monstrita melissa hoy te toca hacer inventario. La nota seguía con las indicaciones de lo que se tenía que hacer y el lugar donde quedaba el almacén. Entonces, me dirigí al lugar "la cabiande radio".

Abrí la cabina, intenté prender las luces que de alguna extraña razón no prendian, abri las puertas del armario al menos esas si prendrian. Asi que me dispuse a comenzar mi labor.


Estaba sola en todo el primer piso, a excepcion del señor Cesar, el vigilante, que como de costumbre se encontraba en la puerta de la facultad. Paso un buen rato mientras seguia revisando, ya habia perdido la nocion del tiempo.De pronto, comence a sentir frio, cada vez mas y mas y mas.Todo mi cuerpo estaba helado, los latidos de mi corazon se aceleran, ya no siento mi respiracion solo ese frio intenso que me perforarn los huesos. Reaccione, me diriji a ver el interruptor, trato de iluminar con la luz que venia del armario... estaba apagado.


Melissa Sulca*

(tildes omitidas)
17 razones por las que te quiero

Te quiero porque no te importa lo que piensen pero siempre andas perfecto,
no te importa decirme si me equivoco,
siempre sabes qué decir para levantarme el ánimo.

Te quiero porque dejas que te diga cualquier cosa y nunca te molestas,
te gustan tanto las margaritas como a mi.
Te quiero porque siempre me enseñas algo nuevo
y te quedas al teléfono conmigo por horas.

Te amaneces conmigo haciendo mis tareas y,
así, me haces descubrir la bondad y la empatía.
Te quiero porque siempre te ríes de mis chistes
y entiendes que no soy hueca sólo despistada y dispersa.

Te quiero porque recreas escenas de películas conmigo
y me haces ser más espontánea.
Eres mi cómplice y sabes guardar mis secretos.

Te quiero porque contigo siempre me río
y haces que quiera ser una mejor persona.

Pero sobretodo, te quiero porque me quieres.

La puerta del almacén


Fue en la casa de mi abuela. Había esucuchado a mis tios conversar que cuando eran niños no debian dejar la puerta del almacen abierta. Nunca. Hasta el día de hoy esa peurta se mantiene cerrada. Ni mis abuelos, ni mis tios, tampoco mis primos, que son mayores, se atreven a acercarse a dicha puerta. Ahora ya sé porque. Un día me encargaron cuidar la casa de mi abuela. Mi gran oportunidad para descubrir que había detrás de esa puerta. Apenas se fueron todos, no desperdicie tiempo y corrí hacia el almacen. No había nada fuera de lo común. Madera vieja pintada de blanco con un vidrio pavonado en todo el frente, una puerta más de toda la casa.

No entendía porque le temían tanto. He visto a mi tío caminar, pasando de largo la puerta sin voltear a verla.

Me decidí y la abri. a primera vista, no había nada. Estantes vacíos y una que otra polilla muerta. Que decepción.

Cuando cerre la puerta senti bajar la temperatura del cuarto. Empeze a tiritar. Puede ver en el vidrio de esta una silueta pequeña, alguien de baja estatura. Una niña de cabello largo, largisimo, se llego a formar en el vidrio, no tenía rostro. Golpeaba la puerta.

Golpe, golpe, golepe.

Se abrio la bruscamente. Una corriente de aire frío salie del almacén vacío. Corrí, ahora entiendo, no quiero que me pregunten.

Freddy Echegaray

Cuando te queiro más


Te quiero porque me mostraste otro mundo
te quiero porque eres diferente
y te queiro más cuando me haces sentir especial.

Te quiero porque te gusta llamar la atención
te quiero aunque te creas el centro del mundo
pero te quiero más cuando me dejas ser tu centro.

Te quiero porque te preocupas por mi
te quiero aunque seas peor que mi madre en eso
y te quiero más cuando me dejas preocuparme a mi.

Te quiero porque te gusta verte bien
te quiero cuando no sabes que ponerte
y te queiro más con tus converse y unos jeans.

Te queiro al extrañarte
Te quiero al despertar
Te quiero los domingos en la tarde

Te quiero aunque otros te quieran
te quiero aunque me rompiste el corazon
y te quize más cuando supiste arreglarlo.

Freddy Echegaray

jueves, 30 de abril de 2009

Tic-tac,va y viene el reloj y yo espero... Los pasos cerca de la puerta me dicen que eres tu, que ya llegas,me dicen sin prisa que te espere que ya llegas, pero no.
Sentado en el mueble cerca a la mesa donde tu retrato me mira de reojo y se queja. Siento tus manos recorrer las mías, y el recuerdo de tus palabras me anima, "perdón, lo siento" decías "es el pecado que a mi débil alma domina y me unde en el gozo que no deberia, en la lujuria misma, el pecado me domina".
Yo creía, y te seguía y te amaba y te amo. Te amo como se ama a la muerte, aquella que con rostro de amante ferviente y en mi cuerpo presente, te libero del pecado de la carne y de la mente.
Por eso te oigo, aunque estés aquí inerte, oigo tus pasos, que se alejan pero los recuerdos se quedan, y me persiguen y siguen recordándome y atormentándome, el castigo a comenzado.

30

te quiero por tus ojos
te quiero por tu risa
te quiero por tu cabello
te quiero por el gorro que siempre usas
te quiero por las cosas que dices que harás y no haces
te quiero por tu piel
te quiero por tu espalda
te quiero por tus manos
te quiero por tus jeans
te quiero por el amor que el tienes a tu perro
te quiero por la forma en que cantas
te quiero por que hablas dormido aunque no lo aceptes
te quiero por tus polos de Spiderman
te quiero por que eres terco
te quiero por que fumas
te quiero por fumas
te quiero por la forma en la que te burlas
te quiero por como me abrazas
te quiero por como pica tu barba cuando no te afeitas
te quiero por no te gustan las mismas cosas que a mi
te quiero por que miras mis pelas sin quejarte
te quiero por que me quitas la comida
te quiero por que me dices que soy pequeña
te quiero por tu correa a la cintura
te quiero por tus lunares
te quiero por me dejas pegarte
te quiero por me dejas amarrarte el cabello con mis collects
te quiero por que finges no entenderme
te quiero por que me tienes paciencia
te quiero por me crees
te quiero por tu ombligo
te quiero.....

martes, 28 de abril de 2009

El Teatro

Llegue a la puerta del teatro, toque, espere, apareció Julio y me abrió la puerta.

Camine escuchando el eco de mis pasos por los corredores entre los salones, ningún ruido, nada, hace años que no funciona el colegio, solo el teatro. Siento que no estoy solo, siempre fue así, siempre me lo preguntaba en el mismo corredor, siempre a la misma hora. Me respondieron esa mañana, tal vez no debí preguntar.

Entre al teatro, la luz tenue en medio del escenario me guiaba. Camine lentamente acariciando las butacas vacías y frías, me quede a los pies del escenario, delante de la primera fila. Mire el escenario y escuché el primer click y vi como lentamente el telón comenzó a bajar por su cuenta. Estaba solo, parado frente al escenario, no lo creía, no podía ser, me congele, escuche mis latidos, mire el telón casi a la mitad del escenario, un segundo click, el tiempo pareció detenerse, balanceándose cómo perdiendo el equilibrio, ¿quién encendió el control? ¿Quién bajo el telón? No puedo hacer nada, solo mis ojos se mueven tratando de mirar otra cosa que no sea el telón. Tercer click, no estoy aquí, no puede ser real, ahora es la cortina la que comienza a cerrarse sola, alguien por favor, grito pero no sale nada de mi boca, tengo que salir. Cierro los ojos, consigo moverme, los abro y solo veo la puerta, corro sin parar, sigo por los corredores, hacia afuera, hacia la salida. Llegué, pero sigo blanco, sudando, jadeando; Julio no dice nada, se queda mirándome como si no fuera la primera vez que ve a alguien en ese estado, ¿qué le pasa?, ¿acaso fue una broma?, o peor aún, esto ya ha pasado antes y él lo sabe.

Tal vez era así, por eso desapareció cuando regresamos al teatro y escuche otro click, voltee a verlo, pero él ya no estaba, la cortina ahora se abría como sabiendo que no me movería, como haciendo el redoble para alguna aparición que escondía detrás, pero no vi nada, solo el escenario. Escuche algo detrás de mí, no quise voltear, pero a veces la curiosidad es más fuerte. No vi nada, sólo las butacas ocupadas, como si estuvieran ocupadas por invisibles espectadores que mantenían los asientos abajo, y de nuevo otro click, bajando el telón. 

Rodrigo 

lunes, 27 de abril de 2009

Una pequeña intrusa en casa


Eran las ocho de la noche de un sábado cualquiera, y yo regresaba a mi casa luego de un día playa en el sur. Esa noche mi casa iba a estar sola, porque toda mi familia estaba de viaje en Cajamarca. Mi único compañero y guardián seria mi perro. Recuerdo muy bien que caminaba hacia mi casa cuando escuche desde lejos que mi perro ladraba fuertemente, me pareció raro que ladre como desesperado y rápidamente pensé, alguien se ha metido a mi casa a robar, subí corriendo la escalera del edificio y los ladridos eran cada vez más fuertes, entre con miedo, dejando la puerta abierta para salir corriendo. Me asome en la sala y mi perro no estaba, luego lo vi ladrando adentro del departamento, se le notaba agitado, como desorbitado, le di la vuelta a la mesa de centro para ver a que le ladraba, solo escuchaba mi corazón latir fuertemente y las lisuras que se me salían “ Quien carajo anda ahí”. Cuando pude asomarme hacia el pasadizo de mi casa, vi a mi perro, y a una pequeña niña que me miro a los ojos, y se metió corriendo hacia el cuarto de mis padres, grite y salí corriendo. Me quede abajo del edificio como diez minutos y cuando me anime a subir , fui a revisar en el cuarto de mis padres, por toda la casa y nunca encontré a la niña. Cuando llegaron mis padres les conte lo sucedido y mi madre saco un album de fotos muy antiguas, habia una foto de mi bisabuela cuando era niña, que me dejo pasmado, tenia el mismo vestido que aquella niña ,era ella pues esa niña juguetona que jugaba con mi perro y que me miro a los ojos, desde ese dia nunca más la he vuelto a ver...

domingo, 26 de abril de 2009

El contacto con lo desconocido

Me empecé a quedar sin aire. Mi hermano había entrado a mi cuarto, gritando, desesperado. Sentí un dolor horrible en el pecho. Éramos los únicos ahí. Había pasado una semana desde que nos mudamos y nadie compartía cuarto. Mi hermano se había quedado dormido. Horas antes me contó sobre las malas noches que había estado pasando. Su cuarto quedaba al lado del jardín y escuchaba sonidos que no podía identificar. Esto le había quitado el sueño en los últimos días. En ese momento, mi mamá estaba de viaje. Nos había mencionado el mal presentimiento que sentía en esa casa. El día que nos mudamos decidió botar todos los objetos que pertenecían a la dueña anterior. Era una señora mayor, viuda, que por motivos de salud tuvo que irse de esa casa. Entre todo lo que encontramos había un retrato de la familia en blanco y negro, dos duendes que estaban debajo del árbol y tres candelabros de vidrio. La mayoría de las cosas se rompieron cuando las botaron.

Esa noche, cuando mi hermano entró a mi cuarto, no lo podía ver. Todo estaba oscuro. Se acerco rápidamente a mí. Tenía las manos mojadas de sudor. No entendía lo que estaba pasando. Cerró la puerta y se metió a la cama. No paraba de temblar. Me pare para prender la luz, pero fue imposible. El despertador del cuarto de mi mamá empezó a sonar. Luego se oyó el sonido de una puerta. Era obvio que había alguien más en la casa. Luego vino el movimiento de una ventana y segundos después un silencio absoluto. No dormimos en toda la noche. De vez en cuando escuchábamos, o creíamos escuchar, algún sónico de afuera. La noche parecía interminable. Cuando finalmente amaneció, salimos del cuarto. Fuimos, llenos de pánico, al cuarto de mi mamá. Al parecer todo estaba en orden. Las cosas seguían exactamente igual como las había dejado. Decidimos salir de la casa. Cogí mis cosas y me dirigí a la puerta. En ese momento, veo a mi hermano pálido mirando hacia la cama de mi mamá. Al lado habían un montón de papeles y detrás de ellos estaban los duendes que habíamos botado unos días antes. Estaban intactos.

El contacto con lo desconocido

Me empecé a quedar sin aire. Mi hermano había entrado a mi cuarto, gritando, desesperado. Sentí un dolor horrible en el pecho. Éramos los únicos ahí. Había pasado una semana desde que nos mudamos y nadie compartía cuarto. Mi hermano se había quedado dormido. Horas antes me contó sobre las malas noches que había estado pasando. Su cuarto quedaba al lado del jardín y escuchaba sonidos que no podía identificar. Esto le había quitado el sueño en los últimos días. En ese momento, mi mamá estaba de viaje. Nos había mencionado el mal presentimiento que sentía en esa casa. El día que nos mudamos decidió botar todos los objetos que pertenecían a la dueña anterior. Era una señora mayor, viuda, que por motivos de salud tuvo que irse de esa casa. Entre todo lo que encontramos había un retrato de la familia en blanco y negro, dos duendes que estaban debajo del árbol y tres candelabros de vidrio. La mayoría de las cosas se rompieron cuando las botaron.

Esa noche, cuando mi hermano entró a mi cuarto, no lo podía ver. Todo estaba oscuro. Se acerco rápidamente a mí. Tenía las manos mojadas de sudor. No entendía lo que estaba pasando. Cerró la puerta y se metió a la cama. No paraba de temblar. Me pare para prender la luz, pero fue imposible. El despertador del cuarto de mi mamá empezó a sonar. Luego se oyó el sonido de una puerta. Era obvio que había alguien más en la casa. Luego vino el movimiento de una ventana y segundos después un silencio absoluto. No dormimos en toda la noche. De vez en cuando escuchábamos, o creíamos escuchar, algún sónico de afuera. La noche parecía interminable. Cuando finalmente amaneció, salimos del cuarto. Fuimos, llenos de pánico, al cuarto de mi mamá. Al parecer todo estaba en orden. Las cosas seguían exactamente igual como las había dejado. Decidimos salir de la casa. Cogí mis cosas y me dirigí a la puerta. En ese momento, veo a mi hermano pálido mirando hacia la cama de mi mamá. Al lado habían un montón de papeles y detrás de ellos estaban los duendes que habíamos botado unos días antes. Estaban intactos.

jueves, 23 de abril de 2009

Nueva York con pepa

Tan simple, 
tan pura, 
tan caida del paraiso.

Aun no lo comprendes?
Yo te diré la verdad.

Provocas desencuentros. Eres pecado.
Curas desdichas. Eres inocencia.
Creas desequilibrios. Eres lujuria.

Ahora soy yo
quien no comprende la verdad.
Solo queda buscar en lo profundo de las sensaciones
la divinidad que provocas en tu corta vida.



















Te quiero veinte veces...


Me abrigas cuando hace frio.
Siento tu respiracion cuando estoy triste.

Dejas que te cure tus heridas.

Tienes 11 y pareces de 2.
Te robas mis chocolates y le sacas la envoltura.

Babeas por el helado.

Se te caen los mocos y no te importa.
No comes brócoli y te quiero por eso.

Eres tan torpe como yo.

Te molestas si te muerdo el poto.
Ya no corres como antes pero igual te tropiezas.

Eres terca, más que yo.

Adoptaste a las gatas y las cuidas y te quieren.
Yo te quiero.

Andas despeinada y te gusta.

Eres valiente porque las vacunas no te asustan.
Me ayudas con mis tareas.

Odias los cohetes y yo te cuido.

No importa qué tan molesta esté,
te veo y me rio.

Te gusta mi olor aunque no me haya bañado.

Hacemos travesuras y te hecho la culpa,
y tu te ries.





martes, 21 de abril de 2009

Mis 21 razones para tí

Te quiero por que la primera vez que te vi supe que te querria de este manera,
te quiero por lo grotesco que eres y lo suave que puede ser tu voz al hablarme,
te quiero por tus cien tipos de sonrisas y en especial por la veintitres,
te quiero por la forma como dice mi nombre y por como lo escribes tambien,
te quiero por que haces que mi sueños tengan un mejor despertar, te quiero por tus pestañas
cuando miras abajo, por que me dejas apretarte la nariz a pesar que no te gusta.

Te quiero por que escribes para mi, te quiero por que te inspiras en mi y me haces sentir inspirada.
te quiero por que estuviste conmigo siempre, por tus apareciones imprevistas para salvarme, por que te gustan mi perro aunque muerda tus zapatillas.

Te quiero por que me gusta quererte, por que has aprendido a entender mi mundo y te has mudado a el.
Te quiero hoy, te quiero ayer, te quiero mañana.

lunes, 20 de abril de 2009

Cruz de asfalto


He llegado a casa. No puedo siquiera pronunciar una palabra. Mi madre y mi hermana conversan en la cocina mientras toman café. Me miran algo sorprendidas. Me pregunto cómo luzco en medio de la desesperación. Solo atino a subir presuroso las escaleras, entrar a mi habitación y sentarme en la cama. Mis rodillas se empecinan en golpearse una contra otra por el temblor que recorre mi cuerpo.

Siento mi rostro empapado en sudor frío. Si alguien ahora mismo tocara la puerta de mi cuarto preguntándome cómo estoy, seguramente anudaría totalmente mi garganta; sin embargo, nadie ha subido. Tal vez piensan que no ha de ser importante. No es así. Me atormenta el rostro de una niña que desaparece violentamente tras el golpe de mi auto. ¡La he matado!, pienso, mientras clavo mis uñas a mis sienes. Recuerdo que no he dejado mi auto en el garaje. Algún vecino podría ver las marcas que dejó el cuerpo de la niña en el chasis. ¡He matado!, vuelve a torturarme esa imagen que se repite en mi retina, ¡he dejado morir a esa niña en medio de la pista!. Un vértigo arremete contra mí.

Decido ir por el auto. Nadie debe verlo. Debo limpiar las manchas de sangre. Me dispongo a pararme pero mis piernas están débiles, como si fueran dos tirones de seda.

Me derrumbo en mi cama. Esto no está pasando, trato de convencerme. He matado a una niña, esta vez lo digo y empiezo a llorar. Es un llanto mudo y doloroso.

De pronto, alguien toca la puerta de mi habitación. No puedo abrir ahora, aunque debo recoger el auto. Y si abro la puerta, ¿qué les diré?. Puedo decirles que un perro cruzó la calle repentinamente. ¿Estaba la niña sola?.Tocan la puerta nuevamente. Yo no vi a nadie. La calle estaba desolada. Aunque alguien pudo ver desde una esquina lo que pasó y logró anotar el número de mi placa. ¡Tal vez no murió!. Siguen tocando la puerta con más insistencia. Debo decir algo pero no se me ocurre nada. Cada vez más fuerte... siguen tocando.

Alguien acaba de cerrar la puerta de entrada de la casa. Me asomo por la ventana. ¡Mi hermana y mi mamá salen de la casa!. Entonces ¿quién está golpeando?.

Veo brillar el barniz de la puerta con la violencia de cada golpe ensordecedor. No voy a abrir. Presiono mi cuerpo contra la puerta. ¡No voy a abrir!. De repente cesan los golpes y el silencio invade mi habitación, la casa y hasta la calle parece también haberse silenciado por completo.

Del otro lado de la puerta estalla un llanto agudo y desgarrador. Es el llanto de una niña que grita mi nombre.


Escrito por Saul Cieza

14 razones por las que te quierooo


te quiero por:

* tu nombre que hace reir a todos y alucinar a algunos
* por tus ojos que gritan QUIEREME!!!
* por tu historia
* por ser una sobreviviente, y que sobreviviente!!
* por venir cada vez que te llamo
* por quererme sin cansancio
* por nunca dar el minimo indicio de maldad
* por esperarme con emocion y por recibirme igual
* por escucharme sin interrupcion
* por calentarme en el sillon
* por no crecer
* por ser mi emocion al regresar
* ser ser tu voz

Vanessa Sanchez H.

Dieciocho motivos para quererte

Te quiero porque me entiendes y no me juzgas cuanto merezco.
Porque me ayudas a no morir cuando reniego.

Te quiero por tu pureza. En la mente y en las manos.
Y no me dejas perderme en el pasado.

Te quiero porque me cuentas los avatares que no conozco.
Y me enseñas a entregar la vida sin miedo.

Te quiero porque te deseo.
Y sobrepasas todo lo que quiero.

Te quiero porque eres grande, porque has vivido lo importante.
Y porque como una bruja, lo adivinas todo.

Te quiero porque eres buena. Real y sinceramente buena.
Así conviertes todo en una elegía.

Te quiero porque nunca jamás escaparías.
Porque confrontas lo que yo no podría.

Te quiero por tu poder.
Por tu mirada fuerte y valiente.

Te quiero imperfecta y frágil.
Por la astucia de hacérmelo creer y permitirme cuidarte.

Alfredo Ortiz de Zevallos

21 razones erróneas para quererte


Fuiste sensualidad pura al conocerte, tu inocencia y maldad me fascinaron, pasó el tiempo y te convertiste en compañía y placer.

Nunca lo supiste pero fuiste el colchón en una de mis peores caídas y trampolín para volver a lo alto. Tu higiene y lo sucia que podías llegar a ser son una combinación perfecta.

Te quiero porque me diste buenas peleas y mejores reconciliaciones, tus risas, los llantos y las puteadas. De tu boca salen las más grandes ofensas y el mayor placer.

Me volviste humano y lo odié, ahora lo agradezco. Conocí sentimientos negativos que después agradecí, fue una de las peores épocas que pasé y ahora lo agradezco. Ahora conozco ambos lados de la moneda y ya puedo decir que estoy vivo.

-Carlos Zuloaga

13 razonas por las que te quiero

Te quiero desde que te vi, desde que intentaste escapar hacia lo que era un nuevo mundo, por cada pequeña sonrisa o esos pequeños llantos de los cuales no sabía la razón, no me importaba si tus besos y abrazos eran para limpiarte luego de comer porque asi te quiero, con esa mirada picara y dulce.


Te quiero porque vuelvo a ser niña contigo, porque cada una de tus nuevas palabras me hacen sonreir... escuchar un te quiero nanita me hace feli, porque eres una chispita que nunca deja de brillar, porque solo por ti juego con Cheche y tambien dejo de lado lo que dicen es mi vicio,


Te quiero por cuando nos escondemos para comer las tortas de cumpleaños y si preguntan quien fue, nosotras no sabemos nada, te quiero por ese un piki que te hace estallar de risa,


por todas esas razones te quiero!!!


Sabor de verdad

He comprendido que 
el sabor
de la verdad 
no se encuentra
en el momento
cuando estalla 
en la boca 
sin deseos hambrientos
con dietas desdichas 
abrigando culinarios desencuentros 
propiciando desequilibrios alimenticios
sumando delirios gastricos
comprendiendo ahora 
que buscar
el sabor
de la vida
no se encuentra 
en una aceituna madura.

domingo, 19 de abril de 2009

18 Razones

Te quiero porque desde el día en que llegaste a mi vida todo ha sido mejor.

Porque me animas siempre que me encuentras decaído.

Te quiero porque nunca me aburro cuando estoy contigo.

Te quiero porque eres la fuente de mi inspiración.

Porque sabemos que juntos podemos lograrlo todo.

Porque sólo tú me puedes calmar cuando estoy alterado. 

Te quiero porque tenemos los mismos gustos de música.

Porque me hablas como siempre, incluso cuando no te he buscado en varios días.

Te quiero porque nunca te ha molestado el roce de mis dedos.

Te quiero porque no te importa quedarte conmigo toda la noche cuando no puedo dormir.

Porque me susurras al oído cuando me estoy quedando dormido.

Porque duermes a mi lado y te despiertas cuando te lo pido.

Te quiero porque contigo siento que lo mejor está aún por venir.

Te quiero porque eres mi terapia.

Porque me enseñaste a compartir lo que llevas dentro.

Porque ninguno de los dos podemos funcionar sin el otro.

Te quiero porque siempre me das esa fidelidad que tanto necesito.

Te quiero porque eres la banda sonora de la historia de mi vida. 

.

.

.

Y sé que tú me quieres porque sé escucharte.





Porque te quiero

Te quiero
porque eres de mil colores.
Porque eres el último detalle
en todos los momentos.
Porque mantienes tu esencia.
Porque soy parte de ti.
Porque a veces me despiertas
con la mejor sonrisa.
Porque a veces soy yo
la que tengo que ir descubriéndote cuando te escondes
debajo de una gran sábana de nubes.
Porque el optimismo es una de tus mejores facetas.
Porque soy mujer.
Porque lo disfruto.
Porque tengo un corazón que me recuerda
que puedo seguir viviendo.
Porque al final del día,
puedo tener todo lo que quiero.
Pero te quiero,
sobretodo,
porque cada vez que me despierto puedo volver a empezar.

21 razones por las que te quiero



Te quiero porque ...

... eres despistado, sobretodo cuando dejas el celular en casa.
... eres adicto al Rock Band y simulas no hacerme caso.
... te pones celoso y no lo demuestras, sólo dando indirectas con tus amigos.
... eres adicto a la coca - cola.
... aunque eres carnívoro a morir, me acompañas a comer comida vegetariana y te la comes.
... aunque te falte cabello, me gusta tocarlo.
... me dices mi amor cuando estmos solos.
... me gustan tus manos, auqnue me dices que no te gustan.
... me acompañas a lugares en donde no te gustaría estar.
... no te molestas cuando te dicen pantro o stitch.
... siempre me acompañas a casa aunque estes muy cansado.
... eres fanático de Calamaro y dices que si pudieras le harías el amor.
... me compartes tu presa de pollo favorita (que por cierto es la mia también).
... me sacas a bailar una salsa cuando no sabes bailar.
... siempre te das cuenta si me he peinado distinto o si me corté el cabello,
... me haces recordar que cumplimos un mes más.
... me dejas abrazarte hasta dejarte sin respirar.
... aunque no te guste que sea efusiva frente a los demás, me dejas hacerlo.
... dices la verdad aunque algunos se molesten.
... me elegiste como tu acompañante en tu viaje a la China.
... me lames la cara para poder quitar mi enojo. Aunque te digo que no me gusta .
¡IGUAL TE QUIERO!

sábado, 18 de abril de 2009

13 razones (que NO sabes) por las que te quiero

Te quiero porque te ries de mí y conmigo
te quiero porque lloras por y sin mí
por tu cabello indeciso
por esa mirada cuando la fijas en mí
te quiero por tus mentiras, que aunque no quiera, las creo
te quiero cuando me odias
te quiero cuando me quieres
te quiero por tu desorden
por tus caprichos
por tu carácter, que es opuesto al mío
te quiero porque no te callas nada
te quiero porque nunca te callas
y te quiero porque es más fácil quererte que odiarte

Francis

miércoles, 15 de abril de 2009

Carrusel


Mis manos aprendieron a bailar con las tuyas
porque te quiero.
Y porque nuestros hombros se dieron besos tibios mientras echados
vimos la luna…te quiero.
Porque tu mejilla buscó mi pecho
Cuando creí que las tardes eran nuestras
(qué iluso), te quiero.
Aunque hiciste de mi garganta un puño, yo te quiero.
Más aún, te quiero,
porque Lima parecía un gigantesco carrusel
por ti.
Porque hallé verbo en tus abrazos.

En fin, te quiero,
aunque dibujaste la distancia entre nosotros
y porque eres sueño interrumpido…por eso te quiero
especialmente,
porque dejaste tu recuerdo cerca a mí.

Escrito por Saúl Cieza

Paren los martillos


Pensé que lo había olvidado: Fui obrero en una fábrica en Estados Unidos.
Era mi primer día y, para mí, lucía como una prisión, un destino forzado que contrastaba con tantas películas de Hollywood. What’s your name?, Saúl, respondí. Ok, follow me. Seguí al extraño instructor que me mostraba la planta de reparación de turbinas de avión. Durante el recorrido de la fábrica veía a obreros que vestían camisas celestes y pantalones azules martillando unos latones. El instructor me dijo que se llamaban Aicraft Chambers (cámaras que componen parte de la turbina de un avión). Mmm, interesante, pensé.
A cada obrero lo acompañaba una caja de herramientas y una lámpara para el turno nocturno. Era todo tan uniformizado y diabólicamente calculado, que parecía ver el mismo obrero repetido 20 veces. Well, basically, Saul, your job is to fix those chambers, me dijo mi carismático instructor quien luego señaló a un obrero que llamó con un grito: ¡Vicente! ¡Come over here! Y Vicente ligero acudió al llamado. El instructor tomó del hombro a Vicente y luego dio la primera directiva: He’ll teach you how to clean the old chambers. That’s the first part of the process. ¿el proceso?¿de qué se trata todo esto? Pensaba amargo. Lo menos que quería era agradecer la recomendación de mi tío por esta chambita (qué ingratitud de mi parte) pero me sentía así mientras percibía el polvo metálico del lugar y el calor de los cuartos de soldadura.

El instructor se despidió, See you, Saul, welcome to Aircraft Technologies, Thank you sir, respondí. Desapareció entre las oficinas y no lo volví a ver hasta después de un mes. El cubano Vicente era ahora mi maestro en las artes de la reparación de cámaras de turbinas de avión. Aprendí mucho. En tres meses ya había aprendido a dejar una turbina deformada por el calor, como una reluciente pieza nueva. Sin darme cuenta, me había convertido en uno de esos obreros “en serie”. Mi lámpara, mi caja de herramientas, mi martillo…Me pasaba ocho horas al día martillando; pareciera una absurda labor, pero sin ella muchos vuelos se habrían cancelado y lo más importante, no habría pagado mi curso de Diseño Gráfico. Remember guys, you must do your job right, lives depend on us, decía el gerente dignificando nuestra labor y estimulando nuestro esfuerzo: martille, martille y martille.

Al quinto mes, llegaron los dueños de la empresa. Nos reunieron a los obreros en el parqueo de la fábrica y, sobre un estrado, el Presidente del Directorio dijo, o al menos eso fue lo que entendí: Unfortunately, there will be no over time for any employee during this semester. Alfredo y Gonzalo, dos obreros en sus cincuentas se habían acercado a mí para efectos de traducción. Su entendimiento del Inglés era casi nulo. La noticia para mí no era grave, finalmente yo salía disparado al culminar mi horario; sin embargo, para ellos, con hijos y esposa, las horas extras no eran un lujo sino una necesidad. Traduje lo dicho y el boricua y el cubano al unísono exclamaron: ¡Coño!. El discurso continuó y se hablo de la poca demanda de tal o cual turbina, que los insumos están caros, que no habría aumento de sueldo, etc… Después de un mes dejé la fábrica para dedicar más tiempo al estudio y trabajar solamente medio tiempo. Luego volví a Lima y miles de cosas y deberes, alejaron de mi mente esos meses “proletarios”, ahora tan valiosos. Toda una experiencia. Hace 10 meses regresé a Fort Laudardale. Visité a mis amigos y parientes. Una tarde tomé prestado el auto de mi primo y decidí visitar la fábrica después de cinco años ¿estarían algunos amigos?¿se acordarían del peruano?.
El edificio permanecía impecable, sus oficinas lucían elegantes como siempre, pero la planta de reparación había sido desmontada. Me informaron que el trabajo que hacíamos lo realizaban ahora obreros en Medellín, Colombia. ¿Qué será de Vicente, de Gonzalo, de los obreros repetidos?, ¡Qué lejos esos martillos de nuestras manos! Y sus familias ¿de qué viven ahora? ¡Cómo cambia la vida en cinco años! Wake up! The American dream is over.

Escrito por: Saúl Cieza

martes, 14 de abril de 2009

13 + 1 razones por las que te quiero

Te quiero porque eres tú, te quiero porque eres bella, porque siempre estas ahí, te quiero porque tú me quieres, te quiero porque tú me trajiste hasta aquí , porque me soportas , porque me das y me quitas todo, porque me ayudas a crecer y te quiero porque no me dejas crecer tanto que creo que domino todo, te quiero porque ordenas todo, porque me engríes, porque me defiendes y te quiero porque te quiero.

Diego Sufling

Te quiero tres decenas y más


Te quiero cada vez que vuelvo a casa y te veo mirando por el hueco que sin querer le hiciste a las persianas;
te quiero al despertarme temprano en las mañanas aunque no tenga que levantarme;
te quiero porque me miras sentado en la mesa a que termine de calentar la comida y cenemos juntos mirando la tele.

Te quiero al salir en las noches y perdernos por tu culpa;
te quiero junto a mi aunque vayamos solamente a la esquina a comprar una galleta;
te quiero porque con solo ver tu cara no hace falta que me digas "invitame".

Te quiero terco cuando te gusta algo;
te quiero comilón los domingos que pollo a la braza con papas y ensalada;
te quiero porque te lavas con tal afán las manos que juraría que eres doctor y estas a punto de entrar a una crujía.

Te quiero cuando estas dormido y al escucharme volteas y me miras con un ojo cerrado; 
te quiero con el piso mojado de la cocina cada vez que quieres tomar agua;
te quiero porque a veces te resbalas en la sala cuando jugamos.

Te quiero en cada pelea que tenemos y la terminamos riendo abrazados tirados en el suelo;
te quiero al descanzar uno al lado del otro algunas tardes;
te quiero porque me obligas con tu ternura a tener aún más paciencia cuando te equivocas.

Te quiero pelucón en invierno o medio rapado en verano;
te quiero aunque a veces dejes tus mechas por todos lados;
te quiero porque no me importa que tu cabello sea blanco.

Te quiero ayer que te ayudaba a subir las escaleras;
te quiero hoy que me empujas cuando bajas corriendo;
te quiero porque me asustas a veces con tus ronquidos por las noches.

Te quiero como el hermano que quería y creía que no tendría;
te quiero como el amigo que te dice tanto con tan poco;
te quiero porque siempre estas ahí antes que te busque.

Te quiero con tu primera palabra dicha casi al azar;
te quiero el día que te vi y supe que estaríamos juntos mucho tiempo;
te quiero porque llegaste el día después de mi cumpleaños.

Te quiero porque te extrañare el día que tengas que irte y no regresar;
te quiero porque cuando te vayas me quedare con tus fotos, tus juguetes, tus peluches;

...te quiero porque pense que nunca tendria un perro, y en lugar de eso me encontre contigo.

De      Rodrigo
Para   Olin