jueves, 30 de abril de 2009
Sentado en el mueble cerca a la mesa donde tu retrato me mira de reojo y se queja. Siento tus manos recorrer las mías, y el recuerdo de tus palabras me anima, "perdón, lo siento" decías "es el pecado que a mi débil alma domina y me unde en el gozo que no deberia, en la lujuria misma, el pecado me domina".
Yo creía, y te seguía y te amaba y te amo. Te amo como se ama a la muerte, aquella que con rostro de amante ferviente y en mi cuerpo presente, te libero del pecado de la carne y de la mente.
Por eso te oigo, aunque estés aquí inerte, oigo tus pasos, que se alejan pero los recuerdos se quedan, y me persiguen y siguen recordándome y atormentándome, el castigo a comenzado.
30
te quiero por tu risa
te quiero por tu cabello
te quiero por el gorro que siempre usas
te quiero por las cosas que dices que harás y no haces
te quiero por tu piel
te quiero por tu espalda
te quiero por tus manos
te quiero por tus jeans
te quiero por el amor que el tienes a tu perro
te quiero por la forma en que cantas
te quiero por que hablas dormido aunque no lo aceptes
te quiero por tus polos de Spiderman
te quiero por que eres terco
te quiero por que fumas
te quiero por fumas
te quiero por la forma en la que te burlas
te quiero por como me abrazas
te quiero por como pica tu barba cuando no te afeitas
te quiero por no te gustan las mismas cosas que a mi
te quiero por que miras mis pelas sin quejarte
te quiero por que me quitas la comida
te quiero por que me dices que soy pequeña
te quiero por tu correa a la cintura
te quiero por tus lunares
te quiero por me dejas pegarte
te quiero por me dejas amarrarte el cabello con mis collects
te quiero por que finges no entenderme
te quiero por que me tienes paciencia
te quiero por me crees
te quiero por tu ombligo
te quiero.....
martes, 28 de abril de 2009
El Teatro

Camine escuchando el eco de mis pasos por los corredores entre los salones, ningún ruido, nada, hace años que no funciona el colegio, solo el teatro. Siento que no estoy solo, siempre fue así, siempre me lo preguntaba en el mismo corredor, siempre a la misma hora. Me respondieron esa mañana, tal vez no debí preguntar.
Entre al teatro, la luz tenue en medio del escenario me guiaba. Camine lentamente acariciando las butacas vacías y frías, me quede a los pies del escenario, delante de la primera fila. Mire el escenario y escuché el primer click y vi como lentamente el telón comenzó a bajar por su cuenta. Estaba solo, parado frente al escenario, no lo creía, no podía ser, me congele, escuche mis latidos, mire el telón casi a la mitad del escenario, un segundo click, el tiempo pareció detenerse, balanceándose cómo perdiendo el equilibrio, ¿quién encendió el control? ¿Quién bajo el telón? No puedo hacer nada, solo mis ojos se mueven tratando de mirar otra cosa que no sea el telón. Tercer click, no estoy aquí, no puede ser real, ahora es la cortina la que comienza a cerrarse sola, alguien por favor, grito pero no sale nada de mi boca, tengo que salir. Cierro los ojos, consigo moverme, los abro y solo veo la puerta, corro sin parar, sigo por los corredores, hacia afuera, hacia la salida. Llegué, pero sigo blanco, sudando, jadeando; Julio no dice nada, se queda mirándome como si no fuera la primera vez que ve a alguien en ese estado, ¿qué le pasa?, ¿acaso fue una broma?, o peor aún, esto ya ha pasado antes y él lo sabe.
Tal vez era así, por eso desapareció cuando regresamos al teatro y escuche otro click, voltee a verlo, pero él ya no estaba, la cortina ahora se abría como sabiendo que no me movería, como haciendo el redoble para alguna aparición que escondía detrás, pero no vi nada, solo el escenario. Escuche algo detrás de mí, no quise voltear, pero a veces la curiosidad es más fuerte. No vi nada, sólo las butacas ocupadas, como si estuvieran ocupadas por invisibles espectadores que mantenían los asientos abajo, y de nuevo otro click, bajando el telón.
Rodrigo
lunes, 27 de abril de 2009
Una pequeña intrusa en casa

domingo, 26 de abril de 2009
El contacto con lo desconocido
Esa noche, cuando mi hermano entró a mi cuarto, no lo podía ver. Todo estaba oscuro. Se acerco rápidamente a mí. Tenía las manos mojadas de sudor. No entendía lo que estaba pasando. Cerró la puerta y se metió a la cama. No paraba de temblar. Me pare para prender la luz, pero fue imposible. El despertador del cuarto de mi mamá empezó a sonar. Luego se oyó el sonido de una puerta. Era obvio que había alguien más en la casa. Luego vino el movimiento de una ventana y segundos después un silencio absoluto. No dormimos en toda la noche. De vez en cuando escuchábamos, o creíamos escuchar, algún sónico de afuera. La noche parecía interminable. Cuando finalmente amaneció, salimos del cuarto. Fuimos, llenos de pánico, al cuarto de mi mamá. Al parecer todo estaba en orden. Las cosas seguían exactamente igual como las había dejado. Decidimos salir de la casa. Cogí mis cosas y me dirigí a la puerta. En ese momento, veo a mi hermano pálido mirando hacia la cama de mi mamá. Al lado habían un montón de papeles y detrás de ellos estaban los duendes que habíamos botado unos días antes. Estaban intactos.
El contacto con lo desconocido
Esa noche, cuando mi hermano entró a mi cuarto, no lo podía ver. Todo estaba oscuro. Se acerco rápidamente a mí. Tenía las manos mojadas de sudor. No entendía lo que estaba pasando. Cerró la puerta y se metió a la cama. No paraba de temblar. Me pare para prender la luz, pero fue imposible. El despertador del cuarto de mi mamá empezó a sonar. Luego se oyó el sonido de una puerta. Era obvio que había alguien más en la casa. Luego vino el movimiento de una ventana y segundos después un silencio absoluto. No dormimos en toda la noche. De vez en cuando escuchábamos, o creíamos escuchar, algún sónico de afuera. La noche parecía interminable. Cuando finalmente amaneció, salimos del cuarto. Fuimos, llenos de pánico, al cuarto de mi mamá. Al parecer todo estaba en orden. Las cosas seguían exactamente igual como las había dejado. Decidimos salir de la casa. Cogí mis cosas y me dirigí a la puerta. En ese momento, veo a mi hermano pálido mirando hacia la cama de mi mamá. Al lado habían un montón de papeles y detrás de ellos estaban los duendes que habíamos botado unos días antes. Estaban intactos.
jueves, 23 de abril de 2009
Nueva York con pepa

Te quiero veinte veces...

martes, 21 de abril de 2009
Mis 21 razones para tí
te quiero por lo grotesco que eres y lo suave que puede ser tu voz al hablarme,
te quiero por tus cien tipos de sonrisas y en especial por la veintitres,
te quiero por la forma como dice mi nombre y por como lo escribes tambien,
te quiero por que haces que mi sueños tengan un mejor despertar, te quiero por tus pestañas
cuando miras abajo, por que me dejas apretarte la nariz a pesar que no te gusta.
Te quiero por que escribes para mi, te quiero por que te inspiras en mi y me haces sentir inspirada.
te quiero por que estuviste conmigo siempre, por tus apareciones imprevistas para salvarme, por que te gustan mi perro aunque muerda tus zapatillas.
Te quiero por que me gusta quererte, por que has aprendido a entender mi mundo y te has mudado a el.
Te quiero hoy, te quiero ayer, te quiero mañana.
lunes, 20 de abril de 2009
Cruz de asfalto

He llegado a casa. No puedo siquiera pronunciar una palabra. Mi madre y mi hermana conversan en la cocina mientras toman café. Me miran algo sorprendidas. Me pregunto cómo luzco en medio de la desesperación. Solo atino a subir presuroso las escaleras, entrar a mi habitación y sentarme en la cama. Mis rodillas se empecinan en golpearse una contra otra por el temblor que recorre mi cuerpo.
Siento mi rostro empapado en sudor frío. Si alguien ahora mismo tocara la puerta de mi cuarto preguntándome cómo estoy, seguramente anudaría totalmente mi garganta; sin embargo, nadie ha subido. Tal vez piensan que no ha de ser importante. No es así. Me atormenta el rostro de una niña que desaparece violentamente tras el golpe de mi auto. ¡La he matado!, pienso, mientras clavo mis uñas a mis sienes. Recuerdo que no he dejado mi auto en el garaje. Algún vecino podría ver las marcas que dejó el cuerpo de la niña en el chasis. ¡He matado!, vuelve a torturarme esa imagen que se repite en mi retina, ¡he dejado morir a esa niña en medio de la pista!. Un vértigo arremete contra mí.
Decido ir por el auto. Nadie debe verlo. Debo limpiar las manchas de sangre. Me dispongo a pararme pero mis piernas están débiles, como si fueran dos tirones de seda.
Me derrumbo en mi cama. Esto no está pasando, trato de convencerme. He matado a una niña, esta vez lo digo y empiezo a llorar. Es un llanto mudo y doloroso.
De pronto, alguien toca la puerta de mi habitación. No puedo abrir ahora, aunque debo recoger el auto. Y si abro la puerta, ¿qué les diré?. Puedo decirles que un perro cruzó la calle repentinamente. ¿Estaba la niña sola?.Tocan la puerta nuevamente. Yo no vi a nadie. La calle estaba desolada. Aunque alguien pudo ver desde una esquina lo que pasó y logró anotar el número de mi placa. ¡Tal vez no murió!. Siguen tocando la puerta con más insistencia. Debo decir algo pero no se me ocurre nada. Cada vez más fuerte... siguen tocando.
Alguien acaba de cerrar la puerta de entrada de la casa. Me asomo por la ventana. ¡Mi hermana y mi mamá salen de la casa!. Entonces ¿quién está golpeando?.
Veo brillar el barniz de la puerta con la violencia de cada golpe ensordecedor. No voy a abrir. Presiono mi cuerpo contra la puerta. ¡No voy a abrir!. De repente cesan los golpes y el silencio invade mi habitación, la casa y hasta la calle parece también haberse silenciado por completo.
Del otro lado de la puerta estalla un llanto agudo y desgarrador. Es el llanto de una niña que grita mi nombre.
Escrito por Saul Cieza
14 razones por las que te quierooo

te quiero por:
* tu nombre que hace reir a todos y alucinar a algunos
* por tus ojos que gritan QUIEREME!!!
* por tu historia
* por ser una sobreviviente, y que sobreviviente!!
* por venir cada vez que te llamo
* por quererme sin cansancio
* por nunca dar el minimo indicio de maldad
* por esperarme con emocion y por recibirme igual
* por escucharme sin interrupcion
* por calentarme en el sillon
* por no crecer
* por ser mi emocion al regresar
* ser ser tu voz
Vanessa Sanchez H.
Dieciocho motivos para quererte
Porque me ayudas a no morir cuando reniego.
Te quiero por tu pureza. En la mente y en las manos.
Y no me dejas perderme en el pasado.
Te quiero porque me cuentas los avatares que no conozco.
Y me enseñas a entregar la vida sin miedo.
Te quiero porque te deseo.
Y sobrepasas todo lo que quiero.
Te quiero porque eres grande, porque has vivido lo importante.
Y porque como una bruja, lo adivinas todo.
Te quiero porque eres buena. Real y sinceramente buena.
Así conviertes todo en una elegía.
Te quiero porque nunca jamás escaparías.
Porque confrontas lo que yo no podría.
Te quiero por tu poder.
Por tu mirada fuerte y valiente.
Te quiero imperfecta y frágil.
Por la astucia de hacérmelo creer y permitirme cuidarte.
21 razones erróneas para quererte

Fuiste sensualidad pura al conocerte, tu inocencia y maldad me fascinaron, pasó el tiempo y te convertiste en compañía y placer.
Nunca lo supiste pero fuiste el colchón en una de mis peores caídas y trampolín para volver a lo alto. Tu higiene y lo sucia que podías llegar a ser son una combinación perfecta.
Te quiero porque me diste buenas peleas y mejores reconciliaciones, tus risas, los llantos y las puteadas. De tu boca salen las más grandes ofensas y el mayor placer.
Me volviste humano y lo odié, ahora lo agradezco. Conocí sentimientos negativos que después agradecí, fue una de las peores épocas que pasé y ahora lo agradezco. Ahora conozco ambos lados de la moneda y ya puedo decir que estoy vivo.
-Carlos Zuloaga
13 razonas por las que te quiero
Sabor de verdad

domingo, 19 de abril de 2009
18 Razones
Te quiero porque desde el día en que llegaste a mi vida todo ha sido mejor.
Porque me animas siempre que me encuentras decaído.
Te quiero porque nunca me aburro cuando estoy contigo.
Te quiero porque eres la fuente de mi inspiración.
Porque sabemos que juntos podemos lograrlo todo.
Porque sólo tú me puedes calmar cuando estoy alterado.
Te quiero porque tenemos los mismos gustos de música.
Porque me hablas como siempre, incluso cuando no te he buscado en varios días.
Te quiero porque nunca te ha molestado el roce de mis dedos.
Te quiero porque no te importa quedarte conmigo toda la noche cuando no puedo dormir.
Porque me susurras al oído cuando me estoy quedando dormido.
Porque duermes a mi lado y te despiertas cuando te lo pido.
Te quiero porque contigo siento que lo mejor está aún por venir.
Te quiero porque eres mi terapia.
Porque me enseñaste a compartir lo que llevas dentro.
Porque ninguno de los dos podemos funcionar sin el otro.
Te quiero porque siempre me das esa fidelidad que tanto necesito.
Te quiero porque eres la banda sonora de la historia de mi vida.
.
.
.
Y sé que tú me quieres porque sé escucharte.
Porque te quiero
porque eres de mil colores.
Porque eres el último detalle
en todos los momentos.
Porque mantienes tu esencia.
Porque soy parte de ti.
Porque a veces me despiertas
con la mejor sonrisa.
Porque a veces soy yo
la que tengo que ir descubriéndote cuando te escondes
debajo de una gran sábana de nubes.
Porque el optimismo es una de tus mejores facetas.
Porque soy mujer.
Porque lo disfruto.
Porque tengo un corazón que me recuerda
que puedo seguir viviendo.
Porque al final del día,
puedo tener todo lo que quiero.
Pero te quiero,
sobretodo,
porque cada vez que me despierto puedo volver a empezar.
21 razones por las que te quiero
sábado, 18 de abril de 2009
13 razones (que NO sabes) por las que te quiero
te quiero porque lloras por y sin mí
por tu cabello indeciso
por esa mirada cuando la fijas en mí
te quiero por tus mentiras, que aunque no quiera, las creo
te quiero cuando me odias
te quiero cuando me quieres
te quiero por tu desorden
por tus caprichos
por tu carácter, que es opuesto al mío
te quiero porque no te callas nada
te quiero porque nunca te callas
y te quiero porque es más fácil quererte que odiarte
Francis
miércoles, 15 de abril de 2009
Carrusel

Mis manos aprendieron a bailar con las tuyas
porque te quiero.
Y porque nuestros hombros se dieron besos tibios mientras echados
vimos la luna…te quiero.
Porque tu mejilla buscó mi pecho
Cuando creí que las tardes eran nuestras
(qué iluso), te quiero.
Aunque hiciste de mi garganta un puño, yo te quiero.
Más aún, te quiero,
porque Lima parecía un gigantesco carrusel
por ti.
Porque hallé verbo en tus abrazos.
En fin, te quiero,
aunque dibujaste la distancia entre nosotros
y porque eres sueño interrumpido…por eso te quiero
especialmente,
porque dejaste tu recuerdo cerca a mí.
Escrito por Saúl Cieza
Paren los martillos

Pensé que lo había olvidado: Fui obrero en una fábrica en Estados Unidos.
Era mi primer día y, para mí, lucía como una prisión, un destino forzado que contrastaba con tantas películas de Hollywood. What’s your name?, Saúl, respondí. Ok, follow me. Seguí al extraño instructor que me mostraba la planta de reparación de turbinas de avión. Durante el recorrido de la fábrica veía a obreros que vestían camisas celestes y pantalones azules martillando unos latones. El instructor me dijo que se llamaban Aicraft Chambers (cámaras que componen parte de la turbina de un avión). Mmm, interesante, pensé.
A cada obrero lo acompañaba una caja de herramientas y una lámpara para el turno nocturno. Era todo tan uniformizado y diabólicamente calculado, que parecía ver el mismo obrero repetido 20 veces. Well, basically, Saul, your job is to fix those chambers, me dijo mi carismático instructor quien luego señaló a un obrero que llamó con un grito: ¡Vicente! ¡Come over here! Y Vicente ligero acudió al llamado. El instructor tomó del hombro a Vicente y luego dio la primera directiva: He’ll teach you how to clean the old chambers. That’s the first part of the process. ¿el proceso?¿de qué se trata todo esto? Pensaba amargo. Lo menos que quería era agradecer la recomendación de mi tío por esta chambita (qué ingratitud de mi parte) pero me sentía así mientras percibía el polvo metálico del lugar y el calor de los cuartos de soldadura.
El instructor se despidió, See you, Saul, welcome to Aircraft Technologies, Thank you sir, respondí. Desapareció entre las oficinas y no lo volví a ver hasta después de un mes. El cubano Vicente era ahora mi maestro en las artes de la reparación de cámaras de turbinas de avión. Aprendí mucho. En tres meses ya había aprendido a dejar una turbina deformada por el calor, como una reluciente pieza nueva. Sin darme cuenta, me había convertido en uno de esos obreros “en serie”. Mi lámpara, mi caja de herramientas, mi martillo…Me pasaba ocho horas al día martillando; pareciera una absurda labor, pero sin ella muchos vuelos se habrían cancelado y lo más importante, no habría pagado mi curso de Diseño Gráfico. Remember guys, you must do your job right, lives depend on us, decía el gerente dignificando nuestra labor y estimulando nuestro esfuerzo: martille, martille y martille.
Al quinto mes, llegaron los dueños de la empresa. Nos reunieron a los obreros en el parqueo de la fábrica y, sobre un estrado, el Presidente del Directorio dijo, o al menos eso fue lo que entendí: Unfortunately, there will be no over time for any employee during this semester. Alfredo y Gonzalo, dos obreros en sus cincuentas se habían acercado a mí para efectos de traducción. Su entendimiento del Inglés era casi nulo. La noticia para mí no era grave, finalmente yo salía disparado al culminar mi horario; sin embargo, para ellos, con hijos y esposa, las horas extras no eran un lujo sino una necesidad. Traduje lo dicho y el boricua y el cubano al unísono exclamaron: ¡Coño!. El discurso continuó y se hablo de la poca demanda de tal o cual turbina, que los insumos están caros, que no habría aumento de sueldo, etc… Después de un mes dejé la fábrica para dedicar más tiempo al estudio y trabajar solamente medio tiempo. Luego volví a Lima y miles de cosas y deberes, alejaron de mi mente esos meses “proletarios”, ahora tan valiosos. Toda una experiencia. Hace 10 meses regresé a Fort Laudardale. Visité a mis amigos y parientes. Una tarde tomé prestado el auto de mi primo y decidí visitar la fábrica después de cinco años ¿estarían algunos amigos?¿se acordarían del peruano?.
El edificio permanecía impecable, sus oficinas lucían elegantes como siempre, pero la planta de reparación había sido desmontada. Me informaron que el trabajo que hacíamos lo realizaban ahora obreros en Medellín, Colombia. ¿Qué será de Vicente, de Gonzalo, de los obreros repetidos?, ¡Qué lejos esos martillos de nuestras manos! Y sus familias ¿de qué viven ahora? ¡Cómo cambia la vida en cinco años! Wake up! The American dream is over.
Escrito por: Saúl Cieza
martes, 14 de abril de 2009
13 + 1 razones por las que te quiero
Diego Sufling
Te quiero tres decenas y más

Te quiero terco cuando te gusta algo;
lunes, 13 de abril de 2009
Aló Tukutin

Dicen que extrañar es otra forma de necesitar, pero creo que en algunos casos no sucede.
Por ejemplo, si quieres hablar con algún amigo del colegio, del instituto, de la universidad, ¿qué es lo primero que haces? Te apuesto lo que quieras, a que te sientas, prendes tu computadora, entras a tu msn y buscas el e-mail de tu amigo para ver si esta conectado. ¿Acerté, cierto?
Lo que nos sucede, y me incluyo también, es que poco a poco este aparatito que estas usando en este mismo instante para leer estas líneas, nos ha venido cambiando hábitos y formas de hacer las simples cosas de la vida, como hablar con los amigos.
Recuerdo que no hace poco, cuando estaba terminando la escuela, en las fiestas de sábado en la noche pedíamos el número de celular a las chicas. Y esto todavía era algo nuevo, porque no hace mucho, en la generación anterior, tenían como pregunta el: “¿me das tu teléfono?”.
Por eso tal vez respondo rápido en las charlas del msn, o me impaciento cuando demoran en responder más de 2 minutos…
Será tal vez que extraño oír la voz de otra persona al conversar…
Será tal vez que realmente extraño una buena charla y el aroma a café…
Será tal vez que echo de menos esa parte que nos conecta a todos, aquello que nos diferencia de los monos...
… será tal vez que simplemente quiero hablar
Rodrigo...
¿Qué se dice?

Cuando uno es niño, es fácil adivinar que recibirás de regalo. Tus papás, abuelos, tíos, amigos y vecinos. Llegaran a tu casa con juguetes de todos los tamaños y colores. Es casi una competencia por ver quién da el mejor regalo. El perdedor definitivo es quien regala ropa, aunque igual gana un fingido: “gracias tía”.
Durante la adolescencia, los regalos cambian drásticamente de tema. Dejan de ser juguetes los principales presentes, claro que seria poco útil que te los den uno a esa edad, ahora lo son la ropa y el dinero. El primero, es el regalo mas obvio, lo difícil está en acertar la talla. El segundo, definitivamente, es el mas práctico, todos lo usan y no hay problemas de medidas. En esta etapa, los regalos pierden el encanto de sorpresa, se limitan a estos objetos. Aunque nunca falta el pariente que dice: “te debo tu regalo”.
Cuando uno alcanza la adultez debe empezar a olvidarse de los grandes regalos sorpresa. Lo único que recibirá serán camisas y corbatas, por parte de tu esposa, manualidades, hechas por los hijos, y vinos, de tu amigo secreto de la oficina, si es que tienes suerte.
Esta forma de regalar ha sido superada por una mas económica que te libera del compromiso. El futuro ha llegado a superar esta tradición, la ha modernizado. Ayer fue mi cumpleaños y lo único que he recibido han sido saludos virtuales e incluso regalos virtuales por medio del facebook, enviados por todos mis amigos. Realmente nunca había recibido tantos regalos pero si pudiera hacer algo con ellos me sentiría mucho mejor.
La emoción de las primeras cosas
la tortura de amar

Pero también una tortura la cual no llegas a entender
Que te enreda y solo te das cuenta de ello cuando todo termina
Como cuando tenia novio, porque yo los llamo novio,
Enamorado es una palabra muy larga de decir y de sentir,
Todo cambio un día de Diciembre
Donde volví a encontrarme conmigo misma . . .
Antes todos mis planes vivían regidos por dos
Mi ropa, mis amigos
Con quien salgo, o a donde salgo
Antes hasta mi religión estaba coactada
Mis politos de tiritas y mis faldas estaban secuestrados
Mis amigos perdidos
Mis tatuajes andaban prohibidos
Si lo veo así, diría que horrible fue eso no?
Pero por otro lado que rico es tener a alguien
Para que te engría, para que te apachurre
Y hasta para que te cargue las cosas
Pero ahora bajo el seudónimo de Soltera me doy muchas libertades de las que antes no estaba permitida, ya sea por mi estupidez o por el amor
Amor?
Pero que es realmente eso?
Creo que aun no lo se . . .
No te odio pero tampoco te quiero
Las mascotas, seres que te hacen compañía, de las cuales puedes recibir cariño, o por lo menos eso es lo que se dice. En lo que a mí respecta, no es así, en mi casa hay una gata, pero ella y yo no somos las mejores amigas, es más si pudiera agarrarla de la cola y tirarla lo haría, bueno quizás no tanto pero no la quiero.
Todo empezó el día que mi familia decidió cuidarla, lo que se supone serian unos días se convirtió en la adopción total de ese ser. Si mal no recuerdo, fue un día de octubre, cuando yo llegaba de clases, al entrar a mi casa vi a esa pequeña bola de pelos, tenía puesto un collar con su nombre, supuestamente esa gata debía estar en un refugio para mascotas, pero no fue así, mi hermano la encontró en la puerta de la casa y no tuvo mejor idea que meterla. La verdad la gata no es fea, pero simplemente no me gustan los gatos. Mi defensa era que a mi mamá tampoco le gustaban los gatos, y digo le gustaban porque ahora adora a esa gata, pero la vio y dijo que se podía quedar porque era “adorable”.
Desde que la gata llegó a mi casa muchas cosas cambiaron, al comienzo era tranquila, llegue a pensar que no sería tan difícil convivir con ella, no se metía conmigo ni yo con ella era un buen pacto sin firma, pero como se me ocurre no firmar algo con un gato, son unos embusteros y esta no era la excepción, me engañó. Conforme paso el tiempo la gata se volvió más… como decirlo… ¿acaparadora? Entraba a mi cuarto y yo la sacaba, al final desistí y ella no. Mi cama se volvió unos de sus lugares de descanso, incluso una vez estaba en mi cama leyendo un libro y ella se subió y acomodó en mis piernas, yo me moví pero ella estiró la pata (literal, lamentablemente) hasta que llegó a mí y ahí se quedó dormida… está bien, no me cae, pero tampoco soy tan mala no la iba a despertar, pero claro que si hacía algo volaría por los aires. Como cuando tiendo mi cama, porque ella suele echarse en el marco de mi ventana, porque cada vez que estiro la sábana, ella se tira a la cama y se me quiere tirar encima, según mi familia, sus defensores, ella quiere jugar, pero para mí ¡no! , para mí me quiere rasguñar y algún día lo va a lograr, espero que para su mala suerte mi ventana este abierta, porque cuando lo haga bastará un empujoncito para que de casualidad se deslice al primer piso.
Para navidad fue todo un acontecimiento, antes la atracción era mi primita que tenía 2 años pero esa vez fue la gata, mi mamá le compró un traje navideño, porque decía que como era posible que su gata no estuviera acorde a la situación, más preocupada estaba por conseguir el trajecito que por el regalo para su mamá. Hace poco mis papás celebraron sus bodas de plata, es decir, otra ocasión para vestir a su minina, le quería comprar un tutu rosa, la gata si tenía que estar presentable, felizmente se habían agotado en la tienda.
Ahora cada vez que mi mamá, mi papá o alguno de mis hermanos llega a casa lo primero que hacen es decir ¿y donde esta Cheche? Si se llama Cheche, pero bueno no saludan a nadie, de frente es saber dónde está la gata, en parte es porque desde hace un par de meses a la gata le gusta salir de la casa, es decir escaparse. Eso es horrible porque todas las ventanas tienen que estar cerradas, ahora en verano, las ventanas cerradas y todo porque a la señorita gata se le da la gana de huir y en mi casa no quieren que se vaya. Aunque recuerdo que hace un mes aproximadamente, yo estaba sola en mi casa con la gata, yo estaba escaneando unas fotos en la computadora y ella se acercaba a molestar, yo la tire a un costado para que no molestara, pero paso una hora y se me hizo extraño que ya no molestara, la empecé a buscar por todos lados en el cuarto de mis hermanos, en mi cuarto, el de mis papas la sala la cocina en todos lados y la gata ¡¡¡no estaba!!! Esa gata se podía perder si había alguien más en mi casa, pero no si estaba yo sola, si le pasaba algo iba a ser mi culpa, y a quien no le cae la gata ¡a mí! Me puse a gritar ¡¡¡Cheche!!! ¡¡¡ Cheche!! Y la gata no aparecía, bueno mi conciencia estaba tranquila yo no le había hecho nada, al menos esa vez, así que seguí escaneando las fotos… de pronto ZAZ la gata me salto a las piernas, no tengo idea de donde salió pero me hizo dar un salto a mi también, lo único que hice fue agarrarla de la cara muy delicadamente por supuesto y decirle si te estaba buscando pero ¡no tenias que aparecer así!
Debo decir que yo no quiero a la gata, pero tampoco la odio, simplemente tenemos una relación de mírame pero no me toques, aunque confesaré que luego de que la operaron, ella no podía caminar, ni comer por sí sola, todo el tiempo tenía que estar echada en su cama y tenían que darle de comer en la boca, y pues, si a veces yo me quedaba al lado de su cama cuidando que no se parara y también le daba de comer en la boda ¡aj! Terminaba con todo su pate embarrado en mi mano, pero bueno ella estaba convaleciente, ¡solo por eso!
Como ya dije no la odio, pero tampoco la quiero, pero la verdad no me vendría mal que se vaya a pasear por tiempo indefinido.
Nuevo artículo de primera necesidad

¡Suelta ese teléfono! – dice mi mamá. Es lo que siempre dice. Estoy tan cansada de escucharla decir siempre lo mismo. – Ay si por mi fuera, esas cosas no existirían. No hay nada mejor que desconectarse del mundo. – A lo que generalmente respondo con una mirada castigadora (que yo creo caleta) que sin expresar palabra alguna dice: (suspiro) Eres tan de otra época. No entiendes que estoy hablando de cosas importantes con mis amigos.
Pero bueno, regresemos al punto inicial de la historia. Mi madre no aguanta mi teléfono y yo no vivo sin él. Haciendo un esfuerzo, puedo recordar la época en que este producto no era indispensable. Tendría yo unos 7 u 8 años, tal vez menos, cuando mi papá tuvo su primer beeper. Obvio, era la alegría de mi madre porque podía localizar a mi padre donde sea. Llamaba a la operadora de Tele2000 y le decía: quiero enviar un mensaje para el abonado xxxxx. Ricardo, ¿dónde estás? Las chicas y yo te estamos esperando. Apúrate. Besos. Rochy. A los minutos, sonaba el teléfono de la casa. Era una voz varonil que anunciaba su regreso en pocos minutos. Hasta ahí todo bien.
Después, crecí un poco más y llegó el boom de los celulares. Lo cual hizo aún más feliz a mi madre. Podía saber al instante dónde estaba su esposo y darle encargos que no podía rehusar porque la excusa de no recibí el mensaje era imposible de usar. Así comencé a soñar con mi primer celular y anhelaba el día en que me dieran uno. Ese día llegó, unos años después, cuando ese Nokia 5160 rojo llegó a mis manos. Obviamente, hasta el momento, era el mejor regalo que me habían dado. Ipsofacto, inicié una adicción, casi tan grave como la que sufre un cocainómano, a la comunicación.
Ese Nokia sólo me permitía enviar mensajes de texto y realizar llamadas pero para el momento era todo lo que necesitaba. Luego, llegó otro teléfono igual gracias a mi mente distraída que suele dejar todo en carpetas, taxis, cines, restaurantes y hasta probadores. Después, otro Nokia pero más chiquito y azul; seguido de un nextel que en el colmo de la máxima tecnología para el momento me permitía revisar mi email de cualquier lado (obvio sin ningún gráfico). Ese fue víctima de mi ingreso a la universidad y mi primer encuentro con la tasa de delincuencia limeña.
Si debo ver el lado positivo de ese desengaño que sufrí sobre cuán segura era mi ciudad, fue que conseguí mi siguiente teléfono. Por fin, uno con pantalla a color, cámara, grabador de voz y organizador. En ese momento, descubrí que ese accesorio que usaba todo los días se había convertido en un artículo de primera necesidad. Desde ese momento, comencé a buscar lo más nuevo en tecnología celular y no sé cómo convencí a mis padres de satisfacer mis caprichos comunicacionales. Pasé de ese celular a un Motorola v810, un Motorola V3, un Samsung SGH-D900 (el slide más delgado del mundo existente hasta el momento) y finalmente mi actual teléfono un Blackberry Curve 8320.
Ahora, debo admitir soy una adicta confesa de las comunicaciones. Definitivamente, puedo decir que no necesito nada más para sobrevivir que mi teléfono. Hago llamadas, intercambio mensajes de texto y mails, me informo, uso el Messenger y el blackberry Messenger, organizo mi vida, guardo recuerdos con fotos y notas de voz, entro a facebook, escucho música, almaceno información y probablemente mil cosas más que las doy totalmente por sentado.
Como toda adicción tiene un lado negativo, ser abiertamente una crackberriana también lo tiene. Este lindo aparatito hace que mi vida penda totalmente de un hilo. La fragilidad de este ha hecho que entre en un estado de abstinencia (y colapso nervioso) que hasta este momento se ha extendido por 9 horas y 5 inaguantables minutos. Mi vida ha sido víctima del vengador de mi madre, una botella de coca-cola. Ese líquido maligno ha ahogado a mi BB y mi vida. Ha ocasionado una regresión de más de 10 años: pataleo, chillo, me estreso y todo por un juguete. Pero es que para mí ya no es un juguete, ya no es ese aparatito que le envidiaba a mi padre y moría por tener, es mi vida.
Bueno, al menos mi madre está feliz de tenerme de regreso al mundo real (al menos por un tiempo) y yo sufriré hasta que el servicio técnico de Claro se digne a arreglar mi teléfono o encuentre a algún otro que satisfaga mi adicción (Obvio, en un periodo no mayor a 1 semana pues temo perder la razón).
Ximena García Guevara
Estado: tranquilo.

La veía y quería ir abrazarla, disculparme por las boberías que hacia, pero bueno siempre me quedaba callado, recuerdo que un amigo me dijo: “oye te gusta Liz, cierto?”, negándolo de inmediato y agregando ciertas palabras que tapen esa sospecha, obvio luego me sentía mal.
Ahora todo es distinto, con el tiempo empecé a tener más confianza en mi mismo, a no dejarme llevar por otras personas, equivocarme y seguir adelante, si me gusta alguien trato de acercarme, obvio siempre habrá ese comentario de más sobre aquella persona que te guste, pero bueno, de aquellos habrán muchos y tendré que saber manejar ese tipo de situaciones, por ahora estoy contento con el cambio de actitud que he tenido, la manera de llevar ciertas situaciones para evitar un estado emocional que no me deje vivir como a mi me gusta, en tranquilidad.
Jorge Barboza
El viejo diseño gráfico
Recuerdo que terminar un arte tomaba mucho tiempo, él era quien elegía los tipos de letra (obviamente) y yo su “asistente especial” encargada de ejecutar el diseño.
Hoy revisando entre sus cosas encontré las tablitas, llamadas letter-press de Mecanorma, muchas de ellas ya gastadas con las marcas de lápiz, al verlas me hizo pensar en varias cosas; recordé lo importante que me sentía cuando niña al ayudar a mi papá en cosas de adultos, pensé que de haber existido el photoshop, ilustrator y demás herramientas de diseño, él hubiese trabajado solo frente a una computadora y yo nunca hubiese sido su asistente especial. De pronto hoy, la tecnología nos ofrece un mundo inmenso de posibilidades para imaginar, crear y diseñar más y mejores cosas, y que estas herramientas de diseño han contribuido de manera impactante en el publicidad, pero de no haber sido por esas artesanales y limitadas tablitas, hoy mi papá y yo seríamos un poco menos colegas y amigos de los que somos.
El don de la ubicuidad

Decía que podías estar solo sin necesidad de esforzarte mucho.
Había veces, realmente las había.
Un día llegaron estos días y dejamos, felizmente, de estar solos.
¿O lo estamos todavía?
En todo caso, es más difícil. Y es más difícil todavía definir cómo o cuándo. Pero nos viene esa sensación extraña que dirige a la certeza, a veces. Intuición, podría ser. Hay un ruido de voces no deseadas. Un tucu-tin maligno que se ensaña.
Se presenta en muchas formas. A veces vibra y otras chilla el ringtone de moda. En realidad no importa cómo, tú sabes que está ahí. Es un monstruo malvado que deseamos y necesitamos. Piensas, tal vez, que no es así. Que lo controlas. Que puedes mover un dedo y con toda facilidad apagar tu celular. Cerrar con dos clics la sesión en el Messenger. En realidad sí puedes hacerlo.
Pero cada vez menos rápido y por menos tiempo.
¿Cuánta ansiedad puedes acumular? El estudio no se acaba en el salón de clases y el trabajo no termina en la oficina o donde sea que trabajes. Te fijas si el profesor mandó algo que hacer, o alguna indicación que cumplir. Sabes que “no fijarte” puede terminar en “fregarte”, por decirlo amablemente. Te puede decir “yo les mandé correo” o “yo avisé que se cancelaba la clase”. Claro que lo avisó, pero tú no viste el correo pues. Fuiste a clases como estúpido, así nomás.
El trabajo te sigue adonde vayas. Algo se atrasa y te lo chantan, aunque estés bien cómodo en el cine. Vibra en tu pantalón y te aplasta el ánimo cuando reconoces el número maldito. ¿Cómo te escapas? Todos sabemos que ser productivo, proactivo, eficiente y digno de consideración se resume a estar siempre disponible para resolverle problemas sonsos (pero trabajosos) al jefe.
Extraño la libertad de decidir realmente cuándo estar solo, cuándo es posible retirarme. Solo irme.
Hubo un tiempo en que las llamadas se recibían en casa. Yo creo que eso tenía una razón de ser clara y mucho más eficiente que la sinrazón actual.
Si te llaman es porque te quieren decir algo a ti. Lo que sea. No a tu vecinito. No al que viaja contigo en el micro. A los demás no les interesa, o no debería, si te vas a encontrar más tarde con tu novia, ni dónde, ni para hacer qué. Si trabajas acá o allá, si tu mamá te mima.
Es penoso tener que soportar la invasión. En un viaje interprovincial de cinco horas, tuve que tragarme cuatro de “conversación” ajena. Una gordita cruzando el pasillo hablaba a todo volumen por radio con sus amigas. Ese bendito teléfono radio que permite hablar tantas horas es abominable, antinatural. Me terminé enterando de sus cólicos menstruales, decepciones amorosas, intereses ridículos y hasta del método anticonceptivo que prefiere. Todo, todo, todo, lo que no deseo saber sobre una gordita de voz chillona que debe viajar cuatro horas en el mismo espacio que yo.
Extraño el silencio. No tener que escuchar las voces de otros contestándoles a otros personajes inexistentes. Extraño que la gente no interrumpa una conversación en vivo porque el teléfono suena, ni que te dejen de prestar atención ese segundito que ojean el mensaje de texto que les ha llegado, con el inconfundible crujido de las teclas del celular.
Ya nadie está presente. Sin embargo, todos quieren estarlo, siempre, en todo lugar, para la mayor cantidad de gente.
Casi podría decirse que ya todos tenemos el don de la ubicuidad. Podemos estar en todos lados a la misma vez. Nuestro espectro atraviesa fronteras por ondas satelitales que decodifican nuestra voz y que trasladan las letras de nuestro pensamiento. Es tan inmediata y tan fácil la comunicación que no solo te aturde cuando es directa, como he venido diciendo. Cuando no hay tucu-tin, cuando no hay vibración celular, también. Si alguien es lo suficientemente osado como para pretender una compañía exclusiva, ya no necesita siquiera que el celular chille. La interrupción es tan profunda que la sientes en la no presencia. La observas (si es que rescataste en tu vida el valor de la observación) en la mirada desenfocada. En un movimiento nervioso injustificado, en un hablar atropellado. El monstruo nos tiene tan atrapados que le tenemos miedo a estar quietos.
Lo más triste es que nadie se salva. Ni uno mismo que se jacta del deseo de soledad, del deseo de silencio, del deseo de presencia sincera. La ansiedad nos ataca a todos por igual y aunque algunos despotriquemos más o menos, finalmente todos caemos y nos hundimos hasta el fondo.
Extraño sentirme solo, extraño escuchar el sonido de lo verdadero. Pero creo que en verdad nunca estuvimos más solos.
Eso nos pasa por querer ser dioses.
domingo, 12 de abril de 2009
Migraña de sábado por la noche
Según un pequeño estudio involuntario a lo largo de la semana pasada, logrado con una pregunta hecha casi por cortesía en estas fechas: ¿Qué planes para Semana Santa? He llegado a la conclusión de que todos se preocupaban por dos cosas: Dónde chuparan y con quien chuparán.
La misma preocupación las teníamos mis hermanos, yo, mis amigos más cercanos y hasta los tíos de la familia, el gran patrón que veía acá era que todos pasábamos la mayoría de edad y nuestra obsesión era saber qué hacer feriados o al menos días en que se debe salir.
Se dice que ser adulto te complica la vida, el trabajo, los estudios y las responsabilidades se te complican, lo que he llegado a ver es que también nos complicamos los placeres, necesitamos planear la irresponsabilidad, presupuestarla y calcular la energía y el tiempo que podemos gastar.
¡Y eso que de niños ansiábamos ser adultos para tener diversión de verdad! Claro que tenemos la libertad, el sexo y… la libertad y el sexo. Creo que ha llegado el momento para todos en que hemos querido ser niños, sobretodo en momentos de diversión para nosotros, aparte de añorar aquellos buenos recuerdos, creo que lo que más añoramos es el hecho de que uno se divertía mucho con cero soles, con cero ropa limpia y cero preocupación de cómo lucíamos.
Los hombres no sólo nos limitamos a imaginar aquellas realidades pasadas sino a recrearlas en actos que hacen que las chicas nos llamen inmaduros y que a nosotros nos importe menos que la densidad de población de Islas Fiji. Ese es un claro mensaje: antes nos divertíamos más con menos: sólo hacía falta un juego de video (de fútbol obviamente) y tus patas, hablar de los temas más estúpidos del planeta y reírse por cada expulsión de gas que salga del cuerpo.
Ante esto dos preguntas: ¿Eso corresponde al comportamiento de jóvenes casi profesionales en camino a la mayor responsabilidad de todas: la adultez? Y, ¿acaso no es una escena familiar para todos nosotros hasta ahora? Esos eran nuestros sábados por las noches ahora, ahora podemos salir, tomar, fumar y tener sexo, es por eso que movimos los horarios y ahora esa escena es un sábado en la tarde.
“¿qué haremos esta noche?” es la pregunta del millón, recuerdo una época que esa respuesta llegaba en menos de 10 segundos, quedábamos, sea lo que sea, satisfechos y sin preguntarnos desesperados “Qué hice?!”


