martes, 28 de abril de 2009

El Teatro

Llegue a la puerta del teatro, toque, espere, apareció Julio y me abrió la puerta.

Camine escuchando el eco de mis pasos por los corredores entre los salones, ningún ruido, nada, hace años que no funciona el colegio, solo el teatro. Siento que no estoy solo, siempre fue así, siempre me lo preguntaba en el mismo corredor, siempre a la misma hora. Me respondieron esa mañana, tal vez no debí preguntar.

Entre al teatro, la luz tenue en medio del escenario me guiaba. Camine lentamente acariciando las butacas vacías y frías, me quede a los pies del escenario, delante de la primera fila. Mire el escenario y escuché el primer click y vi como lentamente el telón comenzó a bajar por su cuenta. Estaba solo, parado frente al escenario, no lo creía, no podía ser, me congele, escuche mis latidos, mire el telón casi a la mitad del escenario, un segundo click, el tiempo pareció detenerse, balanceándose cómo perdiendo el equilibrio, ¿quién encendió el control? ¿Quién bajo el telón? No puedo hacer nada, solo mis ojos se mueven tratando de mirar otra cosa que no sea el telón. Tercer click, no estoy aquí, no puede ser real, ahora es la cortina la que comienza a cerrarse sola, alguien por favor, grito pero no sale nada de mi boca, tengo que salir. Cierro los ojos, consigo moverme, los abro y solo veo la puerta, corro sin parar, sigo por los corredores, hacia afuera, hacia la salida. Llegué, pero sigo blanco, sudando, jadeando; Julio no dice nada, se queda mirándome como si no fuera la primera vez que ve a alguien en ese estado, ¿qué le pasa?, ¿acaso fue una broma?, o peor aún, esto ya ha pasado antes y él lo sabe.

Tal vez era así, por eso desapareció cuando regresamos al teatro y escuche otro click, voltee a verlo, pero él ya no estaba, la cortina ahora se abría como sabiendo que no me movería, como haciendo el redoble para alguna aparición que escondía detrás, pero no vi nada, solo el escenario. Escuche algo detrás de mí, no quise voltear, pero a veces la curiosidad es más fuerte. No vi nada, sólo las butacas ocupadas, como si estuvieran ocupadas por invisibles espectadores que mantenían los asientos abajo, y de nuevo otro click, bajando el telón. 

Rodrigo 

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