jueves, 4 de junio de 2009
Recuerdos de infancia
Cuando eres niño te entretienes con lo necesario. Al menos antes solía ser así. Una pelota es suficiente como para entretener a toda una cuadra, con un tarrito de canicas se puede jugar durante varias horas.
Lo mejor de una buena infancia es que se consiguen buenas amistades, las mejores,y aunque el ingrato tiempo logra separarlas, siempre hay momentos para los amigos.
Cuando uno es adulto deja muchas de esas cosas que los hacían felices y las añoran con mucha tristeza. Citando a Jorge Manrique: Cualquier tiempo pasado fue mejor...
martes, 2 de junio de 2009
Historia de miedo - popular
Hace muchos años, en el centro de Lima, vivía una dama muy adinerada, pues heredó toda la fortuna de su esposo. A pesar de esta situación, esta distinguida viuda nunca fue avara, todo lo contrario, siempre ayudó a los que menos tenían, ya que en su pasado, ella también sufrió de muchas carencias.
Era famosa precisamente por no negarle nada a los que más necesitaban. Comida, hospedaje, dinero, ropa; no existían límites para su bondad, tanto así que no le importaba la reputación de las personas. Sin embargo, esto generaba la envidia de muchas personas, inclusive de aquella a las que la mujer solía ayudar.
Una noche, dos ladrones, enterados de la riqueza de la viuda, se metieron a la casa con el fin de desbalijarla por completo. Pero en un descuido, el ruido despertó a la solitaria mujer, quien se vio presa por los delincuentes. En su desesperación, uno de ellos arremetió salvajemente sobre la indefensa viuda, dejándola en el suelo casi agonizando.
En su huída, el ladrón que golpeó a la viuda se percató que en el dedo anular de la mano derecha llevaba un anillo dorado con una piedra verde muy grande; la avaricia pudo más que su razón, e intentó quitárselo. El otro deluncuente le rogaba que la deje, que con lo que tenían era suficiente, pero su compañero no entendía palabras. Su desesperación llegó a tal punto que tomó un cuchillo y le sercenó el dedo a la pobre mujer.
Así pasaron los años, y la inocente viuda no adrementó por lo sucedido y siguió ayudando a los más necesitados. Un día, antes del atardecer, un indigente tocó a su puerta. Fiel a su estilo, la viuda lo dejó pasar, le brindó abrigo, comida y ropa nueva. Mientras ella le servía una taza de té caliente, el indigente notó que a la mujer le faltaba un dedo. La intriga lo venció y se atrevió a preguntarle qué le había sucedido. Ella le respondió que hacía unos años entraron unos sujetos a su casa y le robaron el anillo de compromiso que le regaló su esposo, y... FUISTE TUUUUUUUUUU!
Esta historia se cuenta en grupo, pues la narración se hace con una voz casi arrulladora yal momento del grito de la mujer, se señala a alguien del grupo.
domingo, 17 de mayo de 2009
Esa sensación extraña

La primera vez que me sucedió estaba chica. Tendría 8 años y estaba en el cuarto de mi hermana con mi mamá. Ellas estaban repasando historia pues mi hermana tenía un examen al día siguiente y yo estaba echada en la cama simplemente viéndolas y escuchando. En eso, comencé a prestar atención. Oía historias de personas que habían sido importantes y que estaban muertas.
-Muertas - pensé. ¿Cómo será eso? A todas estas personas las recuerdan pero ¿a mí? A mí ¿quién me va a recordar cuando me muera? Comencé a pensar y… ¿qué pasa cuando estás muerto? ¿Sientes algo? ¿Tu alma se va al cielo? Y en el cielo, ¿qué se hace? ¿Rezar todo el día? ¡Qué aburrido! Pero y ¿si tu alma no se va al cielo y no haces eso? ¿Qué pasa entonces? ¿Es que acaso simplemente se acabó? ¿Eso es todo? ¿Vivir toda la vida por gusto? Y es que acaso cuando se acaba, ¿no hay nada? ¿No ves, no hueles, no oyes, no respiras, no nada?
En ese momento, comencé a sobarme el brazo para sentir algo. A respirar más fuerte para sentir el aire frío pasar por mi nariz hasta mis pulmones. A repetir – NO, NO, NO - para poder sentir palabras salir de mi boca y escucharlas al mismo tiempo. A llorar, para sentir las gotas de llanto cayendo sobre mi mejilla. Todo lo que podía hacer para sentirme más viva lo hice.
Al sentirme repetir – NO, NO, NO – mi madre volteó rápidamente a mirarme. No sabía lo que me pasaba y yo no podía decir nada más que eso. La veía y la escuchaba preguntarme lo que me pasaba pero por algún motivo no le podía responder. Mi mamá, muy preocupada, llamó a mi papá quien vino corriendo a verme. Mi hermana también se acercó a verme. Nadie sabía qué hacer ni qué me pasaba y yo no podía decir otra cosa.
Poco a poco me fui tranquilizando, mi mamá me dio agua de azar y le expliqué lo que me había pasado. Trató de tranquilizarme pero nada puede reparar el temor a algo inevitable y desconocido: la muerte. ¿Qué se le puede decir a una niña que ha sufrida un ataque de pánico por miedo a la muerte?
A partir de ese día, tengo estos ataques de pánico de vez en cuando y lo único que puede resolverlo es que sienta a otra persona, que alguien me abrace o me acaricie el pelo, algún contacto físico con otra persona. Por eso, hay dos cosas que me aterran la muerte y la soledad.
viernes, 15 de mayo de 2009
Que rica fresa
Tu sabor me complementa,
Solo tu me comprendes de verdad.
Estás siempre siempre en mis buenos momentos,
En mis desdichas, y cuando te tengo,
Haces que estallen mis deseos,
Mis desdichas, mis desencuentros.
Tu suavidad, tu olor, tu sabor,
Ese color rojizo que tienes,
Y que se mezcla bien con todo,
Tu eres la causante de mis delirios,
De mis desequilibrios.
Cuando te pruebo recién comprendo
La verdad del sabor en su punto,
Y cuando estás de viaje o fuera
De temporada me siento solo,Y salgo triste, a buscar la vida.
lunes, 4 de mayo de 2009
No es amor

Historia de terror
Sucedió hace poco, una noche cuando un temblor sacudió lima, recuerdo que mi madre nos abrazo y empezó a rezar, parecía que la tierra se iba a abrir.
Luego del susto volvimos a entrar y nos sentamos en la cocina, la puerta sonó como si la hubieran abierto y luego cerrado, todos nos quedamos sentados y vimos una sombra que subía las escaleras, mi madre dijo que era mi abuelo.
Seguimos conversando en la cocina y de pronto el teléfono sonó, era mi padre preguntando cómo estábamos y bueno le dijo que estábamos bien.
Empezamos a cenar y de nuevo sonó el teléfono, era mi tía preguntando como estábamos y como se sentía mi abuelo, mi madre empezó a llamarlo y él no contestaba, le dijo que estaba descansando y que no le gustaba que lo despierten, bueno mi tía colgó y volvimos a cenar.
De nuevo sonó el teléfono, mi madre contesto, diciendo seguro es tu padre de nuevo, y sí era mi padre diciéndole que mi abuelo había fallecido en la panamericana sur de un ataque al corazón…
Mi madre riendo le dijo: “si él se encuentra arriba” y me mando a llamarlo, subí las escaleras con un temor de no encontrarlo y así sucedió, le grite a mi madre “mi abuelo no esta” cuando baje mi madre estaba desmayada tirada en el suelo y mi hermano menor a su costado dándole aire.
En el primer mes de fallecido mi abuelo la hermana de mi madre también lo había visto en su casa, en una tienda, pero ella dijo “será mi papa?” se quedo con la duda y llegaron a la conclusión que mi abuelo se estaba despidiendo de sus hijas por medio de su alma.
Jorge Barboza
Razones por las que quiero a alguien
Las razones por las que quiero a una persona son porque me da estabilidad en el momento que me escapo de la línea del camino que me trace, siempre puede sosegar mi amargura, no se cómo lo hace, pero siempre lo logra; tiene las palabras exactas para llegar a que tenga la calma necesaria y seguir, siempre me aconseja aun cuando no le pido consejos, sabiendo que los necesito, tal vez porque mi estabilidad emocional es muy notoria.
Siempre me da el abrazo que tanto lo necesito para sentirme que no estoy solo, me grita cuando sabe y sé que estoy haciendo algo que pueda dañar a otros, no son gritos de “carajo que haces”, sino de “porque lo haces sabiendo que puedes dañar a alguien”, sus gritos son un consejo que me hace dar cuenta que vivir es estar tranquilo contigo mismo y con los demás.
Aunque no trabaje tiene la labor más importante en mi vida que es la de aguantarme, aconsejarme, darme su apoyo incondicional y estar a mi lado cuando más lo necesito.
Jorge Barboza