Cuando eres niño no te importa mucho qué esté pasando alrededor tuyo, en otras palabras, no entiendes mucho qué ocurre. Fuji-shock, apagones todas las noches, muertes por explosiones; solo lo ves, lo escuchas, lo asimilas, pero no lo entiendes bien. Al día siguiente solo sabes que es vacaciones y que vas a poder jugar todo el día. Te levantas a las 9 de la mañana, desayunas, te cambias y a la calle.
Cuando eres niño te entretienes con lo necesario. Al menos antes solía ser así. Una pelota es suficiente como para entretener a toda una cuadra, con un tarrito de canicas se puede jugar durante varias horas.
Lo mejor de una buena infancia es que se consiguen buenas amistades, las mejores,y aunque el ingrato tiempo logra separarlas, siempre hay momentos para los amigos.
Cuando uno es adulto deja muchas de esas cosas que los hacían felices y las añoran con mucha tristeza. Citando a Jorge Manrique: Cualquier tiempo pasado fue mejor...
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