
La primera vez que me sucedió estaba chica. Tendría 8 años y estaba en el cuarto de mi hermana con mi mamá. Ellas estaban repasando historia pues mi hermana tenía un examen al día siguiente y yo estaba echada en la cama simplemente viéndolas y escuchando. En eso, comencé a prestar atención. Oía historias de personas que habían sido importantes y que estaban muertas.
-Muertas - pensé. ¿Cómo será eso? A todas estas personas las recuerdan pero ¿a mí? A mí ¿quién me va a recordar cuando me muera? Comencé a pensar y… ¿qué pasa cuando estás muerto? ¿Sientes algo? ¿Tu alma se va al cielo? Y en el cielo, ¿qué se hace? ¿Rezar todo el día? ¡Qué aburrido! Pero y ¿si tu alma no se va al cielo y no haces eso? ¿Qué pasa entonces? ¿Es que acaso simplemente se acabó? ¿Eso es todo? ¿Vivir toda la vida por gusto? Y es que acaso cuando se acaba, ¿no hay nada? ¿No ves, no hueles, no oyes, no respiras, no nada?
En ese momento, comencé a sobarme el brazo para sentir algo. A respirar más fuerte para sentir el aire frío pasar por mi nariz hasta mis pulmones. A repetir – NO, NO, NO - para poder sentir palabras salir de mi boca y escucharlas al mismo tiempo. A llorar, para sentir las gotas de llanto cayendo sobre mi mejilla. Todo lo que podía hacer para sentirme más viva lo hice.
Al sentirme repetir – NO, NO, NO – mi madre volteó rápidamente a mirarme. No sabía lo que me pasaba y yo no podía decir nada más que eso. La veía y la escuchaba preguntarme lo que me pasaba pero por algún motivo no le podía responder. Mi mamá, muy preocupada, llamó a mi papá quien vino corriendo a verme. Mi hermana también se acercó a verme. Nadie sabía qué hacer ni qué me pasaba y yo no podía decir otra cosa.
Poco a poco me fui tranquilizando, mi mamá me dio agua de azar y le expliqué lo que me había pasado. Trató de tranquilizarme pero nada puede reparar el temor a algo inevitable y desconocido: la muerte. ¿Qué se le puede decir a una niña que ha sufrida un ataque de pánico por miedo a la muerte?
A partir de ese día, tengo estos ataques de pánico de vez en cuando y lo único que puede resolverlo es que sienta a otra persona, que alguien me abrace o me acaricie el pelo, algún contacto físico con otra persona. Por eso, hay dos cosas que me aterran la muerte y la soledad.






