Fue en la casa de mi abuela. Había esucuchado a mis tios conversar que cuando eran niños no debian dejar la puerta del almacen abierta. Nunca. Hasta el día de hoy esa peurta se mantiene cerrada. Ni mis abuelos, ni mis tios, tampoco mis primos, que son mayores, se atreven a acercarse a dicha puerta. Ahora ya sé porque. Un día me encargaron cuidar la casa de mi abuela. Mi gran oportunidad para descubrir que había detrás de esa puerta. Apenas se fueron todos, no desperdicie tiempo y corrí hacia el almacen. No había nada fuera de lo común. Madera vieja pintada de blanco con un vidrio pavonado en todo el frente, una puerta más de toda la casa.
No entendía porque le temían tanto. He visto a mi tío caminar, pasando de largo la puerta sin voltear a verla.
Me decidí y la abri. a primera vista, no había nada. Estantes vacíos y una que otra polilla muerta. Que decepción.
Cuando cerre la puerta senti bajar la temperatura del cuarto. Empeze a tiritar. Puede ver en el vidrio de esta una silueta pequeña, alguien de baja estatura. Una niña de cabello largo, largisimo, se llego a formar en el vidrio, no tenía rostro. Golpeaba la puerta.
Golpe, golpe, golepe.
Se abrio la bruscamente. Una corriente de aire frío salie del almacén vacío. Corrí, ahora entiendo, no quiero que me pregunten.
Freddy Echegaray
No hay comentarios:
Publicar un comentario