
Mis manos aprendieron a bailar con las tuyas
porque te quiero.
Y porque nuestros hombros se dieron besos tibios mientras echados
vimos la luna…te quiero.
Porque tu mejilla buscó mi pecho
Cuando creí que las tardes eran nuestras
(qué iluso), te quiero.
Aunque hiciste de mi garganta un puño, yo te quiero.
Más aún, te quiero,
porque Lima parecía un gigantesco carrusel
por ti.
Porque hallé verbo en tus abrazos.
En fin, te quiero,
aunque dibujaste la distancia entre nosotros
y porque eres sueño interrumpido…por eso te quiero
especialmente,
porque dejaste tu recuerdo cerca a mí.
Escrito por Saúl Cieza
No hay comentarios:
Publicar un comentario