Me empecé a quedar sin aire. Mi hermano había entrado a mi cuarto, gritando, desesperado. Sentí un dolor horrible en el pecho. Éramos los únicos ahí. Había pasado una semana desde que nos mudamos y nadie compartía cuarto. Mi hermano se había quedado dormido. Horas antes me contó sobre las malas noches que había estado pasando. Su cuarto quedaba al lado del jardín y escuchaba sonidos que no podía identificar. Esto le había quitado el sueño en los últimos días. En ese momento, mi mamá estaba de viaje. Nos había mencionado el mal presentimiento que sentía en esa casa. El día que nos mudamos decidió botar todos los objetos que pertenecían a la dueña anterior. Era una señora mayor, viuda, que por motivos de salud tuvo que irse de esa casa. Entre todo lo que encontramos había un retrato de la familia en blanco y negro, dos duendes que estaban debajo del árbol y tres candelabros de vidrio. La mayoría de las cosas se rompieron cuando las botaron.
Esa noche, cuando mi hermano entró a mi cuarto, no lo podía ver. Todo estaba oscuro. Se acerco rápidamente a mí. Tenía las manos mojadas de sudor. No entendía lo que estaba pasando. Cerró la puerta y se metió a la cama. No paraba de temblar. Me pare para prender la luz, pero fue imposible. El despertador del cuarto de mi mamá empezó a sonar. Luego se oyó el sonido de una puerta. Era obvio que había alguien más en la casa. Luego vino el movimiento de una ventana y segundos después un silencio absoluto. No dormimos en toda la noche. De vez en cuando escuchábamos, o creíamos escuchar, algún sónico de afuera. La noche parecía interminable. Cuando finalmente amaneció, salimos del cuarto. Fuimos, llenos de pánico, al cuarto de mi mamá. Al parecer todo estaba en orden. Las cosas seguían exactamente igual como las había dejado. Decidimos salir de la casa. Cogí mis cosas y me dirigí a la puerta. En ese momento, veo a mi hermano pálido mirando hacia la cama de mi mamá. Al lado habían un montón de papeles y detrás de ellos estaban los duendes que habíamos botado unos días antes. Estaban intactos.
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