
Fuiste sensualidad pura al conocerte, tu inocencia y maldad me fascinaron, pasó el tiempo y te convertiste en compañía y placer.
Nunca lo supiste pero fuiste el colchón en una de mis peores caídas y trampolín para volver a lo alto. Tu higiene y lo sucia que podías llegar a ser son una combinación perfecta.
Te quiero porque me diste buenas peleas y mejores reconciliaciones, tus risas, los llantos y las puteadas. De tu boca salen las más grandes ofensas y el mayor placer.
Me volviste humano y lo odié, ahora lo agradezco. Conocí sentimientos negativos que después agradecí, fue una de las peores épocas que pasé y ahora lo agradezco. Ahora conozco ambos lados de la moneda y ya puedo decir que estoy vivo.
-Carlos Zuloaga
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